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lunes, 6 de noviembre de 2017

La responsabilidad es de todos.



Así es Venezuela, el tema de lo que nos pueda seguir pasando depende en sus partes fundamentales, de lo que hagamos y dejemos de hacer, no me refiero a semánticas ni a cosas etéreas, específicamente me dirijo a lo que ciertamente está en nuestras manos, corazones y cerebros llevar a cabo para acabar de una vez con este camino de destrucción y depauperación colectiva, la responsabilidad es de todos mis buenos, y no tan buenos, amigos.

Cada paso tiene un inicio y en esta situación es imprescindible que quienes, agrupados en la MUD, asuman la responsabilidad del desastre del 15 de Octubre, tanto quienes dirigieron esto como aquellos que se sumaron sin piedad contra quienes nos oponíamos, al coro de laceradores  que se dedicaron a apedrear y denigrar, no se trata y no vayan a venir con cuentos, de ninguna cacería de brujas ni de diente por diente, no esa no es la idea, pero definitivamente quienes nos llevaron de un solo coñazo a los peores tiempos que hemos tenido en la oposición democrática y le dieron fuerza a un moribundo, no pueden salir de esto con “yo no fui”, que se aparten pana, que tengan un poco de decencia y demuestren que actuaron de buena fe y no por estar negociando con esta dictadura.

Aquí cada uno sabe en qué posición estuvo, así que no se intente meter gato por liebre, debemos todos asumir de verdad la responsabilidad por los días venideros o resignarnos a vivir de esta manera, nuestras diferencias deben servir para amalgamar una real, honesta y fortalecida unidad de objetivos, basada en lo mejor para todos y no en ambiciones y cálculos de politiqueros de oficio, es tiempo de entrega y sacrificio, no de narcisistas ni pedigüeños. 

Ahora también hay que ser sincero en todo este proceso, no es posible que quienes hemos mantenido una posición crítica frente a tanto desastre, simplemente no logremos ni ponernos de acuerdo ni sumar en la construcción de un movimiento tangible, inclusivo, nacional y profundamente conectado con las luchas sociales de todos y cada uno de los venezolanos, el tema no se trata de una nueva plataforma de quítate tú para ponerme yo, no vale, la cosa es demasiado grave como para seguir con este macabro juego de poderes entre caciques, caciquitos y maniquíes, cada día que pasa este régimen en el poder suman años de retraso y destrucción, solo vemos la punta de un iceberg de inmensas proporciones.

De acuerdo a las autoridades colombianas solo en el mes de septiembre emigraron a ese hermano país 79.306 compatriotas venezolanos, leyeron bien eso fue solo en mes, se calcula que más de un millón de venezolanos en plenas facultades para ejercer sus derechos ciudadanos, como votar, están fuera de nuestras fronteras, si a eso se le suma los que por miles continúan su huida de esta desgracia, la cantidad llega a cifras impresionante, estamos hablando que en pocos años cerca del 10% de la población total de este país ha emigrado forzosamente, no se necesita ser adivino ni genio para inducir que quienes han salido de Venezuela, fundamentalmente está conformado por opositores, jóvenes y talento del bueno.  

No queda tiempo para continuar posponiendo y alargando más esta situación, quedarnos en la búsqueda interminable de héroes y villanos en nada nos va a ayudar a avanzar hacia caminos de éxitos en esta lucha, desde esta página siempre hemos mantenido una posición recta y diáfana, defendemos a Venezuela, no parcelas ni espacios vacíos,  la responsabilidad de nuestro futuro le corresponde a cada uno de nosotros, ni la sociedad civil puede hacer esto solo ni los partidos políticos son suficientes, aglutinar de manera urgente y prioritaria nuestras agendas es necesario, sin poses, sin falsos espejismos y sin permanente pases de factura, por supuesto quienes han dado un paso hacia la colaboración abierta y publica hacia la dictadura que les vaya bien, allá ellos con su conciencia, el problema en lo absoluto son ellos, la cosa esta entre quienes realmente queremos y luchamos por cambiar este estado actual.


Es hora de una dirección comprometida por Venezuela, sin mezquindades ni empujones, se requiere de un liderazgo reconocido y respetado, que junto a fuerzas sociales, gremiales, sindicales, estudiantiles y sociales asuma la conducción de este movimiento, integrando a todos, donde cada uno tenga su propio valor y poder, los cogollos son una perversa manera en que ha devenido el manejo de las relaciones de poder, pero el asambleísmo tumultuoso tampoco aporta nada positivo para lograr la victoria, el peso específico no se puede ocultar, así como tampoco la soledad manifiesta de otros, toca decidir si nos quedamos con esto y avanzamos irresolublemente hacia nuestro auto suicidio o si deponemos actitudes y cediendo posiciones individuales logramos adelantarnos y consolidar una alternativa real y de poder. Así de sencillo.  

jueves, 14 de septiembre de 2017

Basta de mentiras


            El régimen ya gano las regionales.

Me había prometido no volver a tocar el manido y manipulador tema de la votación, no elección, que planteo el régimen a la MUD, y que una buena parte de esta, salió presurosa a cogerle el peine.

Y lo digo con toda sinceridad, porque ciertamente la trama, pensaba yo, ya estaba más que discutida, ventilada y sobrepasada, para quienes hemos mantenido una firme y argumentada convicción de no acudir a dicha cita, sin embargo, del otro lado en lugar de dedicarse a ver como convencen a la gran mayoría de venezolanos de asistir a “demostrar que somos mayoría”, ocupan sus fuerzas, sus laboratorios, sus opinadores, sus medios de comunicación y hasta ciertas y penosas figuras públicas, a vilipendiar, chantajear  y a ubicarnos como enemigos de los verdaderos demócratas, ellos por supuesto, a quienes hemos “osado” opinar de manera diferente, incluso, me imagino que adelantándose a su propio desastre, ya nos endosan como únicos culpables de una eventual derrota por nuestra abstención. ¡Madre mía!, tamaña fuerza nos endilgan.

Quiero ser claro y directo: Ya el régimen gano, y se lo demostrare sencillito, en primer lugar su objetivo fundamental era, es y será, hasta que le sirva para algo, darse un baño de legitimidad formal, con su participación en las fraudulentas regionales, se está reconociendo directa y públicamente a la mal llamada Asamblea Nacional Constituyente, ya que todos los poderes del Estado, incluyendo al CNE, lo hicieron, aquí trampas y excusas leguleyas no sirven para nada, lo tangible, lo duro, es que todos y cada uno de los candidatos y organizaciones políticas ya se supeditan a este monstruoso timo gubernamental, el que tenga ojos que vea.

Luego está el bendito ritornelo de los “espacios”, si tanto les preocupa no ceder asientos, ¿Por qué no se aceptó las regionales que el régimen planteo en febrero?, cuanto dolor y sufrimiento nos hubiésemos ahorrado, y aquí no hay manipulación posible, para eso cualquiera puede buscar en Google, o algún otro buscador de su preferencia, si lo que estoy diciendo es mentira, busquen, si no lo borraron, las líneas de tiempo de los connotados dirigentes que hoy hablan de los espacios, como si fueran una especie de tótem sagrado, cinismo al mismo nivel de quienes se suponen son totalmente diferentes, y ojo yo no pretendo ser una figura pura y santa, pero coño, la política debe tener un nivel de transparencia y honestidad, si en serio queremos cambiar y trabajar en pro de los mejores y más nobles ideales.

En tercer lugar, ¿Por qué no fuimos a la constituyente?, si con nuestros testigos, miembros de mesa y el resto de ese noble ejercito de venezolanos que hemos, lo digo en primera persona, participado sin descanso en todos y cada uno de los innumerables eventos electorales que este régimen ha convocado, hubiésemos garantizado que no iba a ver fraude, incluso, si ellos fueron realmente menos de 3 millones que votaron y nosotros más de 7 en nuestro plebiscito del 16J, aunque sus votos se contaron por dos, ¡la paliza era inmensa!, ah pero no podíamos participar, de acuerdo a nuestros próceres de la participación electoral a como sea, eso estaba viciado y nosotros, nunca, nunca podríamos haberlo convalidado. Eso está muy bien, solo que hay un pequeño detalle, el señor Manuel Rosales, no yo por si acaso, declaro en vivo y en directo en un programa meridiano de Globovisión: “que la ANC iba a estar limitada según el acuerdo por un congresillo que se iba a nombrar de 30 personas, 15 de la Asamblea Nacional y 15 de la Asamblea Constituyente. “Eso iba a ser dos días antes del 30 y dos terceras partes decidían; se iba a sacar la AN del desacato y se iban a liberar los presos políticos; se iba a instalar la comisión de la verdad con partes iguales para los casos más complicados”, ¿Cómo es que es la cosa?, a confesión de partes, relevo de pruebas amigos y no tan amigos.

Así las cosas, la MUD electoral realizo sus primarias, entre denuncias de fraude, asaltos a centros de votación, desconocimiento de resultados y presentación de los mismos de madrugada y otros con más de 48 después de haber culminado; con una participación real de alrededor del millón de electores, nada despreciable, y a eso se le podría sumar unos miles más de los Estados donde hubo consenso, estos fueron los duros de la MUD, de tal forma que en lo absoluto puede endilgarse esta coalición la hegemonía de nada en Venezuela, como franquicia ha tenido relativo éxito hasta ahora, pero definitivamente se le perdió el camino, lamentablemente las ambiciones de puestos, no de espacios, gano terreno e impuso su agenda.

La convalidación del régimen y su fraudulenta Constituyente, ya se realizó, el primario objetivo se cumplió para ellos, ahora se dedican a minimizar los daños, pero eso no les mueve el piso, no tiene grandes problemas con perder las regionales, ese pastel no les mortifica, lograron que algunos sigan la música que se les está tocando, así que basta de mentiras, quienes hemos mantenido que es un entrega lo que se está haciendo, hemos manifestó una y otra vez cual es la ruta a seguir, es posible que la falta de coordinación genere la idea de que no tenemos propuesta, nos toca entonces aglutinarlo y que Venezuela sienta en profundidad, que si existe una alternativa diferente a este régimen dictatorial, corrupto, asesino y hambreador, pero también distinta a quienes hacen de la política un juego de poder donde sus intereses y ambiciones están por encima de todo.


Eduardo Sanchez @UNQUIJOTE

martes, 7 de marzo de 2017

Nuestra opinión: ¿Por qué nos cuesta tanto?



Tanto dentro, como afuera de nuestras fronteras físicas y digitales, la certeza mayoritaria es que atravesamos una profunda y devastadora crisis económica, social, política y familiar, no existe una esquina a lo largo y ancho de nuestra tierra, donde la queja, la preocupación y un alarmante desanimo arrope las conversaciones que tenemos.

Bien sea abriendo los pocos periódicos impresos que quedan, incluso los oficialistas, o accediendo a cualquier portal de noticias, las notas, testimonios y cifras hablan por sí solas de las calamidades, que debemos transitar para medio sobrevivir en la actualidad, es tal la magnitud de lo que pasa en Venezuela, que una búsqueda sencilla por internet de “economy in Venezuela”, le arrojara por lo menos varios resultados todos los días, de innumerables portales a nivel mundial que reportan, opinan, investigan y reflejan crudamente nuestra situación.

De tal forma que el diagnóstico y análisis de lo que nos pasa está por demás documentado, no existe nadie dentro de nuestro país que permanezca indiferente, no hay clase social, sector económico, área de trabajo, grupo religioso, obrero, gremial o de amigos que no se sienta afectado, la cotidianidad venezolana consiste hoy en una lucha por sobrevivir, ya ni siquiera al día, ahora, a las horas que se intenta tratar de comer algo, así estamos.

Igualmente es casi homogénea, la percepción y convencimiento, que desde los diferentes factores de la oposición se tiene sobre quienes gobiernan a Venezuela hace más de 18 años, si hablas con algún connotado líder de la MUD del ala conservadora, te reconoce que el estamos ante un régimen autocrático, tramposo, corrupto, que nos ha arruinado y que no tiene ninguna intención de dejar el poder, si te vas hacia quienes, todavía dentro de la MUD, tienen posiciones más frontales y crudas, quizás te cambien lo de autocrático por dictadura, pero en el fondo te dicen lo mismo: por las vías normales esto no se resuelve.

Si por el contrario, ubicas a, cada día más amplios e importantes sectores, que a pesar de no estar dentro de la coalición opositora, tampoco son sus enemigos, estos vuelven a coincidir, en la certeza que sobre el gobierno, la inviabilidad de este modelo y la absoluta falta de intención de convocar a elecciones “normales” tiene el oficialismo, pero es que incluso, si pisas lo que en el pasado era la acera del frente: personas, líderes comunales y vecinales, identificados y resteados desde el principio con Chávez y sus ideas, te consigues con la coincidencia generalizada, de que esto fracaso, de que no hay salidas para esta crisis mientras gobierne Maduro y sus aliados, y que definitivamente se requiere de elecciones generales que cambien a nivel nacional a quien dirige los destinos de la nación.

No hablamos entonces de cualquier pelusita de mono, tampoco de los restos de algún polvo cósmico, estamos viendo como una gigantesca masa de venezolanos, de cualquier género, edad, credo, religión, gustos, colores y afines estamos de acuerdo en la gravedad y profundidad de la crisis, en el urgente y necesario cambio de gobierno, como impostergables pasos iniciales, para poner en marcha un proceso que detenga, en principio, esta caída de ruina y desolación, que procure la estabilización de toda nuestra sociedad y que nos saque de esta violencia y crimen, que amenaza con acabar definitivamente todo nuestro entramado como país.

Entonces, ¿Por qué no avanzamos precisamente hacia allá? ¿Por qué seguimos haciendo exactamente lo contrario para salir de esta pesadilla?, si prácticamente todos estamos de acuerdo, ¿Por qué dejamos que los intereses de cuatro se impongan?, en término, ¿Por qué nos cuesta tanto?

Les confieso que no tengo ni idea, no logro comprender como tanta gente buena, preparada, que ama y quiere desde sus entrañas a Venezuela no logra levantarse, erguirse y en una sola voz, ponerse de acuerdo para rescatar a nuestra tierra de esta demolición que vivimos, no entiendo cómo millones, dejamos que un puñado de malos políticos, porque hay unos muy buenos, sean los que nos dicten las pautas, en base a sus mezquinas y bajas agendas personales, quizás esa sea una desgracia mayor de la que nos ha tocado sufrir, por ratos parece que no tenemos lo suficiente para entre la inmensa mayoría, ponernos de acuerdo y presentar al país una alternativa unitaria real, contundente, inclusiva por los cuatro costados y acertadamente adecuada para los tiempos que debemos enfrentar.  

UNQUIJOTE

martes, 21 de febrero de 2017

¿La nueva MUD?



Después de mucho anunciar, por fin la MUD ha informado sobre su reestructuración. Hemos esperado la información con el interés que merecía, pero nuestras expectativas no quedaron satisfechas. Sabemos que se trata de un primer paso en un plan de renovación, y que, por lo tanto, deben seguir otros capítulos ante cuyo advenimiento seguimos pendientes, pero hasta hora los partidos coligados solo nos han sorprendido con un parto de los montes.

La MUD es importante para la sociedad que clama por cambios urgentes en la política venezolana. A su organización debemos pasos trascendentales para la recuperación de la democracia, como el triunfo en las elecciones parlamentarias. Ha tratado de mantener la llama de la controversia civilizada frente a la dictadura y se ha ocupado de movilizar a sus líderes en las diferentes regiones de nuestra geografía. Llevó los anhelos de la sociedad hasta cúspides que parecían inaccesibles, en suma, pero después, en poco tiempo, en cuestión de un año desolador, protagonizó o acompañó un declive que apenas permite hacer reminiscencia de los logros obtenidos. De allí la necesidad de mirar con cuidado lo que hace, pero especialmente lo que deja de hacer.

De momento, apenas ofrece una nómina de dirigentes que en general son poco conocidos, un repertorio de ciudadanos de buena voluntad a quienes deben presentar en detalle para conocimiento de la ciudadanía. Se trata de personalidades honorables, no cabe duda, pero sin un trabajo previo que no obligue a solicitar que los presenten en detalle, que los suban a la pasarela para apreciar a cabalidad las cualidades que deben tener y sobre las cuales no dudamos, pero que requieren un desfile previo para que no sigan inadvertidas.

El refrescamiento de las élites es bueno y necesario, por supuesto, pero tal vez estemos ante un desfile de medianías de las cuales no se pueden esperar las hazañas que requiere la sociedad para recuperar la confianza en sus dirigentes, para tener la seguridad de que su destino está realmente en las mejores manos. No descalificamos a los integrantes del elenco que ahora se nos presenta, entre otras cosas porque hay que dejarlo actuar para juzgarlos con propiedad, pero parece evidente que, si no son debutantes en la escena, hacían hasta la fecha el papel de segundones en el reparto.

Las circunstancias exigen un esfuerzo político de proporciones extraordinarias. La situación no está para medias tintas. Los reproches se hacen en función de la trascendencia del reto de salir de una dictadura que está acabando con el país. La lucha contra la adversidad requiere de políticos capaces de convocar inmediatamente la atención y el entusiasmo de las masas. ¿Está en eso la MUD actualmente? ¿Dio en el calvo con la nómina que ahora nos ofrece? El hecho de que nos ponga a averiguar la identidad de los miembros de su nuevo equipo de coordinación, porque solo lo sabemos en términos someros, no permite una respuesta sin reservas.

Editorial de: El Nacional

jueves, 16 de febrero de 2017

No hay por quien votar.





Fue el contenido que se leía en más de una pancarta de las utilizadas en el proceso electoral realizado el pasado 6 de noviembre en la República de Nicaragua para escoger al presidente de la República, vicepresidente y diputados al Parlamento Centroamericano y la Asamblea Nacional, también el argumento utilizado por las fuerzas opositoras al gobierno del actual presidente de ese país centro americano Daniel Ortega que no participaron en esas elecciones generales convocadas.
Convocatoria realizada en el marco constitucional pero precedida por un conjunto de acciones cuya similitud con las que hemos visto en Venezuela nos hace pensar que la coincidencia no es producto de la casualidad, al contrario, es el reflejo de un proceso que ha venido tomando cuerpo en nuestra América Latina y que pareciera con las limitaciones institucionales que también intenta penetrar otros espacios tanto en Norteamérica como en Europa.
La oposición Nicaragüense estuvo ausente de tan importante proceso de legitimación y expresión de la voluntad de los ciudadanos porque el gobierno de Daniel Ortega se había encargado desde el año 2007 cuando regresaron al poder, de aniquilar a la oposición en su país, apoderarse del Parlamento y tener el pleno control de los otros poderes del estado, prueba de ello fue la decisión del Consejo Supremo Electoral de quitarle representación legal al Partido Liberal Independiente, principal agrupación política de la Coalición opositora, luego de un fallo de la Corte de justicia cuyos magistrados son acusados de obedecer directamente las órdenes del presidente Ortega y la posterior destitución de 28 diputados opositores del Parlamento Nacional. Conscientes estaban que esas elecciones no eran transparentes, libres ni tampoco competitivas.
Ortega perdía su legitimidad de origen desde el momento que la oposición duramente atacada y sometida decidió no participar convirtiéndolo en el único candidato importante en los comicios que la oposición había catalogado como “farsa electoral”.
Pero no solo la dirigencia política, también la Conferencia Episcopal nicaragüense se había pronunciado de manera contundente en un duro comunicado de todos los obispos deplorando el intento de implantación de un régimen de partido único en el país, haciendo desaparecer la pluralidad ideológica, cuestión absolutamente nociva para la democracia y el país. Se cerraban así las puertas de la vía electoral en Nicaragua y se le robaban al pueblo su derecho a votar libremente, expresaban los más connotados analistas.
La decisión del presidente Daniel Ortega de prohibir observadores independientes que verificaran la transparencia de las elecciones complementa el coctel de genuinas dudas sobre el proceso electoral convocado y que persiguió una reelección para mantener a un régimen que se cuela a costa de vender un gobierno basado en programas sociales denunciados como una nueva forma de clientelismo  orientado más a comprar lealtades que a cambiar la realidad de los más pobres de la población en el país que sigue siendo el segundo más pobre del hemisferio, después de Haití.
A ello le sumamos la represión e intimidación que afirman se utiliza para amedrentar a las voces opositoras, así como la existencia de una “alianza de silencio”; con los grandes grupos empresariales, a los que acusan de aceptar el sacrificio de importantes principios democráticos a cambio de estabilidad.
Pero no solo las acciones oficialistas hicieron mella en el desánimo de los electores cuya abstención rondo el 42% de acuerdo a los números de las encuestadoras más reconocidas, también el discurso opositor dedicado a la institucionalidad y la norma democrática alejo a esos representantes de la conexión con las demandas sociales y problemas de la gente y la imposibilidad de lograr la unidad real sin duda alimento y coadyuvo para las pretensiones de los que algunos llaman “dictadura”.
Así fueron las cosas las cosas y así son las pretensiones de quienes quieren hacer desaparecer la disidencia venezolana para mantenerse en el poder. Saben que en buena lid y en igualdad de condiciones jamás podrían superar el descontento y la decepción, se saben superados por sus errores y equivocaciones y no les queda más que apelar a su control para someternos a procesos diseñados para no ser cumplidos, para que las metas no sean alcanzadas y justificar la desaparición de organizaciones que no aceptamos la implantación de ninguna nueva dictadura en Venezuela. 

Deyalitza Aray


martes, 14 de febrero de 2017

Dictaduras, elecciones y transición.




Esta oposición electoralista y dialoguera llegó a su llegadero. Su impotencia es un hecho consumado. Estamos en medio de un vacío de poder y en plena crisis y estado de excepción. Llegó la hora de que las fuerzas que representan el sentir mayoritario del país superen sus propias inhibiciones y se unan en un frente de resistencia nacional con una sola consigna: ¡Desalojo ya! 

A Leopoldo López.

Ni la de Cipriano Castro, dictadura travestida de revolución libertadora, salió por elecciones, ni la de de Gómez, que luego de traicionarlo gobernó durante 27 años hasta salir del poder de muerte natural. Tampoco la de Pérez Jiménez, cuyo derrocamiento y destierro celebramos por estos días. Dos impecables democracias, en cambio, fueron violentamente desalojadas por regímenes dictatoriales: la de Rómulo Gallegos en 1948 y la inaugurada con el Pacto de Puntofijo y la clamorosa victoria de Rómulo Betancourt, defenestrada aviesa y turbiamente, mediante un golpe en cámara lenta que ha tardado 25 años en venir a escorarse en esta crisis humanitaria, con el estúpido e incomprensible consentimiento cívico militar golpista y la complacencia de las élites a partir del 4 de febrero de 1992.

Por eso mismo, para demostrar que una dictadura venezolana sí puede ser desalojada pacífica, constitucional, democráticamente, lo que no fue el caso en ninguna de las dos dictaduras del siglo XX, uno de los protagonistas de la decadencia política de la democracia liberal, Eduardo Fernández, se haya visto obligado a viajar hasta Polonia para dar con la prueba de su acomodaticia teoría.

Sin embargo, en una argumentación que bordea el absurdo, da simultáneamente las razones por las cuales su teoría pierde todo peso. La dictadura de Jaruselsky, que habría desaparecido del mapa por elecciones como las que la oposición electorera venezolana lleva casi dos décadas intentando, inútilmente por cierto, pues o las pierde o se las roban, había perdido todo respaldo de poder real: la oposición había tomado la calle insurreccional, masiva, explosivamente bajo el liderazgo del líder metalúrgico Lech Walesa; el Muro de Berlín había sido derrumbado por las masas insurrectas de la Alemania comunista en alianza con los sectores contestatarios de Berlín occidental, herederos de años de combates contra su propio establecimiento y todo ello no hubiera sido posible sin la implosión de la Unión Soviética y su Pacto de Varsovia, acorralados por la sabia, lúcida e inteligente “guerra de las galaxias” comandada por Ronald Reagan.

Como para terminar de poner la guinda en la insurrección democrática de Gdansk, Lech Walesa y los obreros portuarios, un sacerdote polaco, visceralmente anticomunista y antidictatorial, que conocía hasta el detalle las artes totalitarias de la sedicente República Popular y Democrática de Polonia, ascendió al papado bajo el nombre de Juan Pablo II. Por cierto, políticamente situado en las antípodas del argentino Jorge Bergoglio y cuyo nombramiento, en lugar de constituir un espaldarazo al populismo fue una clara señal de guerra a muerte contra el comunismo soviético.

Quiéranlo o no los electoralistas a todo trance, si alguna dictadura constituyente, como la venezolana, fue desalojada por votos, ya había sido desalojada por la multitudinaria, masiva e irrefrenable insurrección popular. Los votos no vinieron más que a confirmar los hechos: los dictadores estaban caídos.

Yo comprendo que Eduardo Fernández, que seguramente conoce el caso chileno mucho mejor y de fuente más directa que el distante caso polaco, prefiera, para justificar la bochornosa, oscura e impotente estrategia política de los partidos de la MUD, que la han llevado a la sepultura, inexorablemente condenada al fracaso si para poder votar debe renunciar a seguir el ejemplo de Lech Walesa, enfrentar frontalmente a la dictadura y poner a la masa contestataria en las calles, recordar sus tiempos de presidente de la Internacional Democratacristiana en Europa. Teniendo a mano el caso del plebiscito chileno que, efectivamente, sacó al tirano y su tiranía mediante un claro, límpido y transparente proceso electoral. Imagino que son dos las razones: la dictadura chilena no era una dictadura castrocomunista ni su naturaleza era constituyente, sino comisarial, ergo: imposible de ser comparada con la dictadura castro-comunista de Hugo Chávez, traspasada en andas de Raúl y Fidel Castro a un agente cubano de origen colombiano avecindado en Venezuela. Un apparatschik de los miles que conforman el Estado totalitario cubano o, siendo extranjeros, les sirven en el Foro de Sao Paulo, su Internacional Castrista. Tampoco los gobiernos de Lula-Dilma y de Néstor y Cristina Kirchner habían terminado de derivar a tortuosas dictaduras como la de Chávez-Maduro. La segunda es que la nonata dictadura castrocomunista de la Unidad Popular chilena fue asfixiada antes de que cogiera auténtico vuelo, no por elecciones, que muy posiblemente jamás hubiera sido destronada electoralmente, sino mediante un quirúrgico golpe de Estado llevado a cabo por unas coherentes, homogéneas y blindadas fuerzas armadas. ¿Cómo compararlas con las que asaltaron el poder en nuestro país para ponerlo al servicio de la tiranía cubana y el narcotráfico?

Tampoco la transición española viene al caso: Franco estaba muerto, el país, bajo el florecimiento del turismo a escala europea –la llamada industria sin chimeneas– había alcanzado un desarrollo exponencial, el país se enrumbaba a la modernidad de la globalización y desde los franquistas de Fraga Iribarne a los comunistas de Carrillo y la Pasionaria apostaban por la democracia. Con dos pesos pesados como para empujar la transición: Felipe González, por el Partido Socialista renovado y ya liberado del pesado fardo marxista, y Adolfo Suárez, por el Movimiento. ¿Comparables con los señores que presiden Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y el partido del señor Falcón? ¡Por favor!

Sobran los casos y sería absurdo exponerlos en una suerte de casuística transicional. Cada caso, como lo enseña la historia, es inédito. Pero lo que sí está claro y constituye una ley irrebatible de la política es que las elecciones, todas las elecciones, sean de la naturaleza que sean, están condenadas a no servir de nada si no subyace a ellas el acuerdo previo, esencial, existencial, tácito o explícito de los poderes fácticos y las partes en disputa por respetarlas como al Padre Santo. Y permitir que los poderes resultantes no sean castrados desde su propio nacimiento. Como fuera el caso de la Asamblea Nacional, convertida en un esperpento por obra y gracia de la justicia del horror. Un caso imposible de emular. Tal como lo establecieran Rafael Caldera, Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt en el Pacto de Puntofijo. O Felipe González, el rey, Santiago Carrillo y Adolfo Suárez en el Pacto de la Moncloa. En Chile, ese acuerdo había sido aceptado por todos los protagonistas políticos, con excepción de Augusto Pinochet y los suyos. Pero ya estaban en franca minoría, no contaban con el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y constituían un estorbo para un país ansioso de paz, justicia, prosperidad y progreso. Vale decir: de democracia. Todo lo demás es cuento. ¿Comparables Augusto Pinochet y las fuerzas armadas chilenas con Vladimir Padrino y las Fuerzas Armadas Bolivarianas?

Esta oposición electoralista y dialoguera ya llegó a su llegadero. Su impotencia es un hecho consumado. Estamos en medio de un vacío de poder en pleno estado de excepción. Llegó la hora de que las fuerzas que representan el sentir mayoritario del país superen sus propias inhibiciones y se unan en un frente de resistencia nacional con una sola consigna: ¡Desalojo ya! O bajamos la santamaría.

Antonio Sanchez Garcia.

Publicado en: El Nacional

lunes, 13 de febrero de 2017

La nueva MUD y el electoralismo.



Dos hechos ominosos ensombrecen el horizonte político nacional.

El primero de ellos ocurrió el martes de la semana pasada, cuando Jesús Torrealba, inexplicablemente todavía secretario ejecutivo de la MUD, en rueda de prensa convocada para informar sobre la reestructuración de la alianza, en lugar de hacerlo, se limitó a notificar que se había designado una junta reestructuradora, que en los próximos días presentaría las diversas opciones posibles de darle nueva forma y contenido a la organización. Más allá de la composición inaceptable de esta comisión, en la que incluso se incluyó al diputado Juan Carlos Caldera, a quien todos vimos en un video que lo mostraba siendo sobornado por Wilmer Ruperti, ¿cómo es posible que los dirigentes de la oposición, tras haber dilapidado el capital político que millones de venezolanos habían depositado en sus manos aquella excepcional jornada electoral del 6-D, insistan en desconocer de tan grosera manera el sufrimiento, la dignidad, el malestar y la indignación que embarga al pueblo opositor ante el incumplimiento sistemático del compromiso adquirido con los ciudadanos de cambiar presidente, gobierno y régimen en un plazo no mayor de 6 meses y sólo pensar, obsesivamente, en las “próximas elecciones”?

El segundo hecho lo protagonizó otra vez Vicente Bello, representante de la MUD ante el CNE, cuando al terminar una ingrata reunión de algunos delegados de la alianza con el directorio del ente electoral para precisar el proceso de reinscripción de los partidos, declaró que el diseño de ese proceso de renovación fue “improvisado y atropellado”, porque el CNE “no se percató de que en él se incluyeron los fines de semana de Carnaval y Semana Santa”. Una afirmación absolutamente complaciente y falsa, porque Bello, la MUD y todo el mundo saben que esta decisión, como siempre han sido, fue perfectamente calculada por el régimen y anunciada en el momento oportuno.

Si a esta interpretación tramposa de la realidad electoral, de clara inspiración en la fórmula empleada por Daniel Ortega para reelegirse en unas elecciones a las que no pudo presentarse la oposición, le añadimos la insultante rueda de prensa de Torrealba sobre la reestructuración de la MUD, debemos admitir que ciertamente buena parte de la oposición ha perdido el rumbo. Definitivamente y sin remedio aparente.

Esta situación se hace aún más grave si tomamos en cuenta que desde el pasado mes de octubre, cuando el régimen decidió borrar el referéndum revocatorio del mapa electoral, los principales voceros de la MUD, en rueda de prensa primero y desde la Asamblea Nacional después, sostuvieron que con esa decisión quedaba roto el hilo constitucional y se instalaba en Venezuela, ya sin ningún disimulo, una auténtica dictadura. Razón por la cual, para devolverle su vigencia a la Constitución, esos mismos voceros convocaron repetidamente al país a la rebelión civil. De ahí las grandes manifestaciones de protesta de aquellos días y la decisión parlamentaria de condenar políticamente a Maduro. ¿Cómo es posible entonces que representantes de esos mismos dirigentes hagan como si nunca hubieran hablado de dictadura y acudan a la sede del CNE, implacable instrumento del régimen desde el año 2003 para negarle a los venezolanos su legítimo derecho a elegir, con la intención de discutir con sus rectoras los términos de esas dichosas elecciones regionales, como si en Venezuela reinara una plena normalidad democrática?

Planteada en octubre la confrontación en términos de dictadura o democracia, ¿con qué propósito se anuncia la reestructuración de la MUD, para qué dialogar con las rectoras del CNE? ¿No constituye una inaudita aberración reducir el debate político a la celebración de elecciones en el marco de un régimen al que se señala como dictadura? Se comprende que Manuel Rosales y Henri Falcón lo hagan, pero ¿cómo van a actuar los restantes dirigentes de la oposición? El pueblo opositor espera de Leopoldo López, de Antonio Ledezma, de María Corina Machado, pero también de Julio Borges, de Henry Ramos Allup y de Andrés Velázquez una respuesta clara, sin sus habituales ambigüedades, coherente. Todos ellos tienen, esta semana, la palabra. Por lo que decidan hacer y digan serán juzgados.

Armando Duran.
Publicado en: El Nacional