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sábado, 11 de febrero de 2017

¿Duerme Maduro?



¿Qué se dirá a sí mismo Nicolás Maduro cada noche? Con seguridad se miente, nadie soporta una verdad tan cruda, reconocer el desastre en que ha sumido a Venezuela, la falta de esperanza en el futuro, el convencimiento de que la mejor salida es la del aeropuerto, como hacen los jóvenes mejor preparados bien informados y con los ojos abiertos.

Afortunadamente para él, Chávez murió a tiempo, se despidió de la política feliz, la enfermedad lo ayudó a no ver la realidad, sus últimos días de vida sirvieron para engañarlo. No tuvo la oportunidad de ver cómo había hundido el país.

Maduro, en cambio, tiene frente a sus ojos una Venezuela en ruinas, sabe que en el futuro la situación empeorará, pero carece de imaginación y de cultura política para emprender el gran viraje, poner la economía a producir, abrirles a los empresarios la oportunidad de trabajar.

Estamos, pues, en el peor de los mundos posibles, solo queda la esperanza de que el país siga desmoronándose hasta que toquemos piso y reconozcamos la realidad. Pero es bien difícil, porque el discurso popular es iluso y tonto.

Hoy faltan los medios y la infraestructura para lograr una vida decente para todos los venezolanos, carecemos de alimentos, medicinas, repuestos de todo tipo. Representamos una forma loca de hacer política y de gobernar, y tenemos en Miraflores a un hombre trabajador, pero ignorante que supone que si todos sacamos un carnet seremos felices. Alguna vez al contar esta historia increíble los venezolanos del futuro se preguntarán cómo fue posible tanta estupidez, cómo los economistas oficiales no vieron lo que tenía enfrente, cómo supusieron que con un maldito carnet disminuirían las colas.

Y no cesan las malas noticias. Las exportaciones de crudo petrolero de Estados Unidos pronto superarán las de varias naciones de la OPEP y crecerán mucho más si el nuevo presidente, Donald Trump, cumple su promesa de facilitar la exploración y la extracción de crudo en cualquier parte de Estados Unidos. El mayor consumidor de petróleo del mundo quizá venda hasta 800.000 barriles diarios este año, según varios analistas de Bloomberg. Estados Unidos ya exportó en los primeros días de este año 527.000 barriles al día.

La producción diaria de Estados Unidos llegará fácilmente a 9 millones de barriles en 2017, después de bajar a 8,87 millones en 2016.

Todo esto pondrá presión sobre los precios, en los momentos en que Maduro no cesa de mirarse el ombligo, como si no quisiera enterarse de lo que ocurre en el mundo. Le basta con repetir y oír su propio discurso populista que despierta aplausos en algunas partes del mundo, pero Maduro aprecia más un mensaje que le llegue de Cuba que los datos de la realidad.

Así nos va.

Bien mal.

Con el tema de la renovación de los partidos políticos Nicolás Maduro está aprovechando para sacar de su alianza a otras organizaciones que no sean su cúpula pequeña del PSUV. Según el diputado José Prat, “no hay que caer en la trampa de salir a legalizar los partidos en esas condiciones, hacerlo es convalidar un procedimiento que es ilegal y antidemocrático”.

Hay que movilizar al país y convencerlo de que solo con un viraje profundo de la economía, con poner al país a trabajar, con privatizar Pdvsa, con abrir Venezuela al trabajo fecundo y creador saldremos de este desastre.

Por desgracia, este discurso no se oye, sencillamente ni siquiera se dice.

Maduro duerme el sueño profundo del que rechaza ver la realidad, prefiere tomar en serio los elogios que le vienen del Caribe y los halagos de los que están enriqueciéndose.

No nos hagamos ilusiones.

Vamos mal y estaremos mucho peor.

Maduro no despertará.

Fausto Maso
Publicado en: El Nacional

martes, 15 de marzo de 2016

#Venezuela "La Constituyente"

Cada vez surgen más preguntas que respuestas, por donde asomemos el rostro la aprensión, el cansancio y la violencia llevan la delantera, nuestra proverbial fama de país lleno de habitantes felices y parranderos, ha quedado sencillamente, para las notas folclóricas que rellenan la autopista global de la información y mira que todavía intentamos por todos los medios que disponemos salvar la sonrisa, pero la monstruosa realidad que vivimos nos recuerda en cada estallido lo profundo de donde estamos, la cultura de la muerte a dado paso, a la muerte como cultura, en algún lugar nos perdimos.
Estamos intoxicados hasta los tuétanos de malas noticias, no por algún plan maquiavélico de nadie, sino porque lo cotidiano, lo del día a día, lo que vivimos cada vez que salimos de nuestra casas, se convierte en una extensión del terror de haber pasado la noche rezando, primero por haber llegado sanos, después porque nadie intento meterse y finalmente porque a ninguno de nuestros seres queridos lo hayan matado, es que esta Venezuela profundamente deshumanizada, no necesita que nadie nos las cuente.
Y que nadie hable de profeta del desastre, ni de pesimista por naturaleza, como me gustaría hablar de otra realidad de país, de cosas que aunque conlleven problemas, tengan mucho más de alegría y regocijo, pero simplemente no es así, atravesamos, quienes ocupamos esta franja de tierra, una de nuestras peores etapas como país y como seres humanos, el léxico cotidiano está repleto de violencia, secuestro, ajusticiamiento, linchamiento, saqueos y eventualmente el descuartizamiento de nuestros valores, la enfermedad como sociedad es real, no pertenece a ninguna novela, de nada vale voltear hacia otro lado, está siempre te alcanzara, o resolvemos esto de raíz o nos seguimos hundiendo en una oscura y larga crisis social.
Adicionalmente las salidas constitucionales que se anunciaron no pasaran como dicen los chavistas, la renuncia dependería de una ola de movilizaciones populares de verdad, no de movimientos de redes sociales y por lo que hemos visto hasta ahora, a pesar de la brutal crisis, muy pobres han sido las manifestaciones de calle, en cuanto a la enmienda y al revocatorio ninguna pasara el TSJ, caerán en trampas dilatorias para hacerlas inviables y es que ninguna de las tres vías propuestas desde la alternativa democrática ataca el problema de fondo, aquí nada se resuelve con la salida de una persona, prometerle a los venezolanos que con la ida de Maduro se soluciona la cosa, es irresponsable y falso, en el mejor de los casos transitaríamos una continua inestabilidad política, social y económica dolorosa y de consecuencias inimaginables para todos.
Es la Constituyente el verdadero camino para iniciar la salvación de Venezuela, insistir con parches y medidas populistas, tan solo extenderá nuestro sufrimiento, el daño a la sociedad en general no se resuelve con decretos, se soluciona con un cambio radical de todas las instituciones del Estado, necesitamos un nuevo pacto social que empiece a resolver desde abajo el quiebre institucional, recupere los valores de honestidad, trabajo y democracia, procure la unión de los venezolanos de bien, genere la recomposición de todos como colectivo y avance sin dilaciones hacia un futuro real, participativo y de innegables sentidos de ética y moral ciudadana.

domingo, 27 de abril de 2014

#Venezuela: Algo muy hondo se ha roto en este país.

LEONARDO PADRÓN.
Costumbres Inquietantes.
Ciertamente, de todas las costumbres, morir es la más extraña.
***
El venezolano está sucumbiendo al peligroso caldo de la costumbre. Se nos ha vuelto rutina la crisis. Vivimos bajo protesta. El paisaje urbano se ha llenado de trancazos, barricadas y marchas.
El gobierno se ha convertido en un obstáculo para la serenidad. A eso, el país opositor ha agregado sus propios obstáculos. Las cadenas de Maduro intentan convertir en timidez los antiguos maratones de Chávez ante el micrófono. Y ya nos habituamos a lidiar con ese engorro. La escasez de productos es como una tos crónica y las amas de casa han armado, como cuenta Lissette Cardona en un reportaje de El Nacional, una red de cazadores. Mujeres que se agrupan para recorrer kilómetros en busca de aceite, café o azúcar.
La ciudad convertida en bosque, donde hay que avistar por horas a la presa. En el proceso nacen amistades, intercambian teléfonos, datos. Y hasta llegan a ejercer el trueque: "La semana pasada cambié dos litros de leche por dos de aceite y harina de maíz por harina de trigo", le cuenta una residente de Chacao a la periodista. El bosque, ese es el problema, está atestado de cazadores.
Galeno decía que la costumbre es una segunda naturaleza. Si así no fuera, la raza humana se hubiera extinguido de desasosiego.
La costumbre nos va domesticando el asombro. Tarde o temprano aceptamos las nuevas realidades que nos presenta ese guionista extravagante que es el destino. Así como uno se termina acostumbrando a la muerte de un ser entrañable o a la llegada avasallante de la tecnología, la gente va adecuándose a los nuevos rizos que elabora la tremebunda política nacional. He aquí el peligro. Anatole France tuvo a bien alertarnos: "Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra a él". Es hora de prender las alarmas.
***
Breve inventario: Nunca debimos, pero nos fuimos acostumbrando a la baranda de Tibisay Lucena. Y su vacío existencial, su tono de cine francés, su clima de sospecha, su adicción a los malos finales.
Nunca debimos, pero nos hemos ido amañando con la sonrisita de Jorge Rodríguez y todo lo que siniestramente oculta. Nos encona, nos vapulea la úlcera, nos extrae groserías. Pero él persiste.
Nunca debimos, pero hemos terminado aceptando como tradición y humorada los incesantes tropiezos de Pastor Maldonado en la Fórmula 1. Todo un desagüe de dólares del erario nacional.
Nunca debimos, pero desde la alocución del primer Chávez hasta el último Maduro, nos hemos resignado ­los ajenos al dogma­ a recibir insultos de todo calibre y magnitud. Serpientes, eso nos lanzan. Y en cadena nacional, faltara más.
Nunca debimos, pero nos acostumbramos a responder a tales insultos. Y en esa sopa gigantesca de agravios, nació la infección de odio que hoy nos define.
Nunca debimos, pero se nos hizo hábito ­desde Páez, Gómez, CAP y Chávez­ que todo gobierno ejerciera el desfalco de las arcas públicas.
Nunca debimos acostumbrarnos.
***
Hace poco leí un libro que recorrí con sobresalto. Un libro considerablemente rudo porque no tiene ni un gramo de ficción y todo lo que relata es la Venezuela que hoy somos. Se trata de Y nos comimos la luz, de María Isoliett Iglesias, curtida reportera de sucesos de El Universal. Son crónicas sobre la violencia social. Su repulsiva cotidianidad. Sus personajes, víctimas y verdugos, el entorno y las secuelas, la tanta sangre derramada. Se reúnen allí historias que rozan lo delirante. Está la de Fredie, que se gana la vida ofreciendo servicios funerarios en la morgue de Bello Monte y le reza a los muertos para que lo ayuden a tener un buen día. Está la del hombre que depositó tres disparos en la espalda de otro solamente porque su pequeña perra le olisqueó una pierna. O la de aquel que confiesa que él solamente es la mitad del diablo y que "se aburrió de coleccionar los plomos que le sacaba a cada uno de sus muertos después de tirotearlos". María Isoliett logró ahondar en su testimonio y la sensación de escalofrío es inmediata: "Yo mato porque sí, porque me gusta, porque hay que hacer limpieza (...) Cuando lo haces una vez, no puedes parar. Es una droga". Silencio. En eso me convertí después de leer tamaña frase, en silencio.
Algo muy hondo se ha roto en este país.
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Uno de los trabajos más sólidos sobre el problema de la violencia en Venezuela lo realizó el sacerdote salesiano Alejandro Moreno. Y salimos a matar gente: Investigación sobre el delincuente venezolano violento de origen popular es un libro de dos tomos que reúne 15 historias de vida y un análisis de gran rigurosidad sobre nuestra endémica violencia. Como bien lo defi ne Moreno, son "historias de ausencias: ausencia de familia, ausencia de madre, ausencia de afecto, ausencia de relaciones vinculantes, ausencia de atención".
Son seres que nacen marcados por una primera violencia: la violencia del abandono. Se acostumbraron a no pertenecer.
La primera historia de vida, la de un delincuente llamado Alfredo, quedó trunca. Faltó una última entrevista, pues primero llegaron nueve puñaladas a su cuerpo. Apenas tenía 38 años de vida. El padre Moreno nos descifra cómo el crimen es una vía para acceder a una forma de poder: "Alfredo, como todos, delinque, en primer lugar, para lucir. (...) Destacarse sobre todos, ser admirado, ser incluido en el medio, como el principal, el más significativo, el más poderoso". En nuestro sistema carcelario, por ejemplo, quien llega a ser pran del recinto es porque es el más violento, el más temido.
Poder y sangre van de la mano.
Moreno subraya lo que ya es notorio en la crónica roja del siglo XXI venezolano: en los delincuentes nuevos "atraco y asesinato se han unido: te robo y te mato. Un cambio radical y muy significativo para la sociedad: la violencia se ha vuelto más sangrienta, más agresiva, más implacable; el violento ha perdido controles, límites, emociones". Y, por supuesto, el Estado contribuye ferozmente con 92% de impunidad.
Matar como hábito y agenda.
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Informe rápido de nuevas costumbres: 1) Por un extraño misterio, las bombas lacrimógenas se quedaron pastando eternamente en tres cuadras de la parroquia Chacao. Las funciones son diarias y con horario fijo. Represión y barricadas a partes iguales. ¿Se acostumbrarán los vecinos a llorar mientras intentan respirar? 2) Los asaltos que perpetran los cortejos fúnebres de malandros.
Ya es tradición. El botín somos los conductores que no lloramos al difunto. La policía conoce el modus operandi. Ni pendientes.
3) Las noticias delgadas. La prensa que no le hace carantoñas al régimen ha sido obligada a la anorexia informativa. La lectura se agota en cinco minutos. Se asiste a la muerte, por asfi xia, del periodismo impreso.
4) Los colectivos. O paramilitares. O bandas armadas en motos.
Bautícelos a su real antojo. Ya son parte del paisaje. Aparecen en los eventos electorales. Llenan el aire de amenazas. Atacan salvajemente a las protestas. Sitian a los barrios. Son una nueva tribu urbana. Son intocables.
5) La vida no vale nada. Pablo Milanés dixit. Menos que un dólar al cambio oficial. Basta con ir a comprar Ibuprofeno en Farmatodo.
Con demorar el beso de despedida en la camioneta. Basta una bala perdida. Basta la irritación de alguien que tropezaste en la fi esta del callejón. Basta ver bonito a la novia bonita de otro.
6) Las torturas. Nuevo ingrediente de la pócima revolucionaria.
Manifestar es un derecho constitucional, pero acostúmbrate a lo que dicen las letras chiquitas: rodilla en alcantarilla por no ejercer la "rodilla en tierra", electricidad en los senos, golpes con bates sobre cuerpos envueltos en goma espuma, cascos que hinchan tu rostro, cuerpos rociados con gasolina, amenazas de violación. Acostúmbrate a que las torturas ocurren. Pero "no existen".
7) El país que gira sobre su propio eje y no avanza. El país que no entiendes. El país que rechaza a su mitad.
8) Si tu carro se queda sin batería, bienvenido a las aceras. Si no consigues tu champú de siempre, compra otro. Vivir es experimentar. Si solo te activa el café en las mañanas, intenta ducharte con agua fría. A fin de cuentas, la cafeína tiene sus bemoles. Si ahorraste todo un año para viajar a Disney o Cancún con tus hijos, olvídalo, recapacita, piensa en bolívares, Venezuela es chévere, pero cuidado con los huecos, los miguelitos en la carretera, los peajes falsos, en fi n, cuidado con la muerte. Ella también hace turismo nacional.
9) La denunciante que va presa. La secuestrada que calla para siempre su historia. La diputada que le prohíben trabajar.
Los cadáveres que comienzan a llenar el Guaire.
10) Planear una nueva vida. En otro país. Así sea uno que limite por el norte con lo que sea y por el sur con tus ganas de no morirte.
***
La protesta que encendió el país el 12 de febrero del 2014 lleva ya 42 muertos. ¿Alguien recuerda el nombre de la última persona asesinada? Hay muertes que poseen más resonancia que otras. Sin duda.
También puede ocurrir que, simplemente, nos estamos acostumbrando a morirnos.

jueves, 18 de abril de 2013

Alto a la demencia.

Alto a la demencia.
Escribo esta líneas como todos los martes, lo digo porque la vertiginosidad de los acontecimientos pueden cambiar algunas cosas hasta el momento de su publicación, particularmente quisiera pensar que por lo menos alguien de peso de este régimen comience a tener un poco de cordura dentro de esa patética insistencia de insistir con el cuento, mil veces repetido, de que este país decidió ir por ese adefesio que llaman “revolución”.
Lo real es que fuimos a unas elecciones en extremo signadas por el grotesco ventajismo de un gobierno que hace rato perdió cualquier asomo de vergüenza y utiliza frontalmente todos y cada uno de los recursos del Estado para tratar de seguir imponiendo su voluntad, completamente conscientes de esta situación nos preparamos con seriedad para las eventualidades que se podían presentar, y se presentaron, de manera apresurada y sin respetar sus propias leyes electorales, se dieron unos resultados que claramente y de manera inequívoca parten hoy a Venezuela en dos toletes, Henrique Capriles con el derecho y la firmeza que ha demostrado continuamente, pidió un conteo manual acta por acta y así aclarar cualquier duda razonable, incluso el otro candidato, supuesto ganador, llego a exigirle al árbitro electoral que se hiciera, sin embargo, cuando amaneció todo cambio y no solo se desechó vía declaraciones sino que se proclamó a lo macho a Maduro como presidente electo, cero asomo de prudencia, cualquier persona en su más mínimo sentido común y en aras de dejar todo lo más claro posible, hubiese efectuado dicho pedimento y zanjar de una vez por todas las dudas.
Frente a una posición democrática, firme y pacifica por parte de Capriles, lo único que hemos escuchado los venezolanos desde las más altas esferas del poder es manipulación, odio y mentiras, un ministro de la defensa que se refiere al candidato democrático como “derrotado, fascista y de derecha” no puede nunca representar la majestad de un poder público, unos gritos destemplados del proclamado de que “si me quieren tumbar, vengan por mi” o peor amenazando directamente a todos los medios de comunicación a definir si están con él o no, so pena de atenerse a las consecuencias, nos indica que definitivamente se escogió el camino de la locura, la ruta de arrasar con todo y todos que no sigan al pie de la letra los designios de esta cofradía enquistada en poder.
Nada han aprendido, en lo absoluto han leído unos resultados que les dicen que no existe ninguna mayoría revolucionaria, que la expresión de casi 15 millones de compatriotas por la vía electoral, dejo a dos fuerzas completamente parejas y que 100 más o 100 menos no inclina la balanza hacia ningún lado y muy por el contrario es urgente y claramente imprescindible, sentarse y planificar el país que se quiere, la insistencia del lado oficial de todo o nada nos llevara por oscuros y dramáticos senderos.
La advertida profundización de la crisis económica no se va a resolver recurriendo a los mismos discursos de siempre, llenarse la boca de frases comunes y arengas antiimperialista no va a estabilizar los factores que disparan la inflación y acrecientan la escasez de productos básicos, ridiculizar y amenazar con cínicas sonrisas al oponente democrático no va a ser que por arte de magia lluevan casas para los millones que las necesitan, lamentablemente los oídos de los lideres oficialistas están seriamente dañados y tampoco ven con claridad el despeñadero hacia donde nos conducen.
La esperanza es lo último que se pierde, dicen, ojala se imponga la sensatez frente a esta demencial carrera hacia la nada, hacia lo peor y que la sangre jamás llegue al rio, de todas formas, estoy seguro que nunca habrá una noche tan oscura que impida que de nuevo salga el sol.
Publicado en el diario Notitarde el jueves 18 de Abril.