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viernes, 20 de noviembre de 2015
#Venezuela Todo se trata del futuro.
El cansancio, la impotencia, las náuseas y la rabia marcan los signos de los tiempos que vivimos, y no solo en Venezuela, en nuestro mundo globalizado, el terrorismo y la irracionalidad fanática nos revientan todos los sentidos humanos que aún nos quedan, calles llenas de sangre y dolor van dejando estos grupos que simplemente atacan el corazón de la propia humanidad, no existen ni excusas, ni ideologías que sustenten tamaña barbaridad, sencillamente buscan destruir los más básicos valores de la propia vida humana, lo demás son estrafalarios adornos que pretenden tratar de darle alguna justificación a sus monstruosos actos.
Por nuestra parte vivimos momentos cruciales que nos definirán lo que se nos puede venir como sociedad, durante más de 17 años un modelo arcaico, corrupto y con una profunda carga de resentimiento social, ha buscado separarnos como venezolanos, muy a pesar de hablar incasablemente de amor y paz, la realidad nada tiene que ver con lo que a los cuatro vientos y mediante el poderoso entramado de medios de comunicación oficial se intentan vendernos a todos, pocos logros tangibles pueden mostrar estos auto llamados socialista que nos gobiernan, la gran mayoría de las cosas que presentan como logros de su revolución, son apenas lo más mínimo que debieron haber hecho para la gigantesca cantidad de recursos que han manejado, no ha sido cualquier pendejaita los dólares que han ingresado todos estos años y sin embargo estamos frente a la peor y más honda crisis económica que hayamos tenido.
Ahora, a las puertas de un proceso electoral inédito, la gente en la calle siente en lo más recóndito de su corazón, el tic tac de un 6 de diciembre que ha trascendido su propio significado, los venezolanos, para bien o para mal, han convertido unas elecciones de asamblea nacional en una cita con su propio futuro, hastiados de un terrible presente que nos arruino de manera colectiva, buscan afanosamente una alternativa que comience a modificar el actual estado de cosas y es que años de estafa del proceso rojo, los han llevado a generar una irreversible decisión de cambio, que no culminara en lo absoluto este 6D, al contrario, es apenas el inicio de una nueva realidad en nuestro país.
La responsabilidad histórica de todos los principales actores políticos de lo que está por venir en apenas días es enorme, como lo dije en días recientes, el espejismo se terminó, ya el margen de maniobra está prácticamente agotado, lo que realmente está en juego no es un diputado más o uno menos, es definitivamente el tránsito hacia una nueva correlación política y por consiguiente el principio de nuevos poderes, por supuesto, de lado y lado siempre habrán quienes procuren pescar en rio revuelto, unos intentando proteger sus intereses por medio de la radicalización y la imposición de situaciones fuera del marco legal y otros maquillando y buscando cambiar todo para no cambiar nada, de imponerse alguno, será temporalmente, ninguno tendrán éxito a largo plazo, usando una frase del propio oficialismo: Venezuela cambio para siempre.
El sentimiento de cambio que hay hoy, recorre toda nuestra geografía, no existen diferencias sustanciales entre los diferentes sectores socio económicos, desde el venezolano más pobre hasta el que más tiene así lo manifiestan, es un movimiento telúrico que ciertamente va a dejar huellas profundas en el presente, quieren modificaciones reales, la mayoría entiende que no será mañana, pero tampoco están dispuestos a seguir con el cuento por mucho tiempo, la entrega de cheques en blanco está en desuso, la voluntad popular parece haber aprendido la lección y procura utilizar el poder de premiar o castigar de manera mucho más efectiva, así que estemos listos para transitar nuevos caminos.
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jueves, 5 de junio de 2014
Del tobogán al infierno.
Eduardo Sánchez
Cerré los ojos, quería transportarme en vivo y directo a la bahía de Patanemo, escaparme pues, a sus lindas playas, a su tranquilo mar. De golpe alguien me empujó; cuando me iba a voltear a reclamarle, sentí cómo rápidamente caía a full velocidad. Intenté levantarme, pero entonces salí disparado hacia arriba y de nuevo hacia abajo, ¡perro!, me sentí que estaba en plena montaña rusa, descompensado, confundido, aturdido, ¿no se sienten así ustedes?
De repente soy solo yo, que con mis vainas no termino de comprender, mucho menos entender todo este despelote.
Porque ciertamente el Diablo estuvo de visita en Venezuela, bueno, por lo menos así lo han llamado estos revolucionarios de "Cartier y bohemia" que tenemos aquí.
Sí, aunque no lo crean, el F.M.I. mando a sus asesores, hablaron, dijeron y sobre todo pusieron las cartas sobre la verdadera mesa, no las que se ven en las propagandas oficiales, no, hijo; me refiero a la de verdad, a la que cocinó y adobó las medidas económicas clásicas del propio capitalismo salvaje.
Claro, no habrá devaluación, solo ajustes socialistas hacia la justicia monetaria revolucionaria, antiimperialista y soberana del SICAD II, o hasta donde nos lleven los cálculos.
Así tranquilos, que no panda el cúnico, todo se irá aumentando dentro de los precios justos, justamente inalcanzables para los pendejos, pero fácilmente conseguibles para los enchufados.
La luz, ese servicio óptimo y eficaz que presta el gobierno, aumentará en junio, las compotas un pequeño 40%, la acetona a 220 bolos, los pasajes aéreos y terrestres, en combos de ta' barato dame dos y la comida a niveles que para qué se los digo.
Fíjense cómo marcha la cosa, que a horas de iniciar el Mundial de Fútbol, los patios del muelle de Puerto Cabello podrían convertirse en la solución a los problemas de los estadios en Brasil, ¿lo dudan?
Pero como siempre, nuestros próceres del proceso ya consiguieron la solución, PDVSA va a emitir 5 mil millones de dólares en bonos y la estatal rusa nos "adelantará" 2 mil más, ¡qué bárbaros!, el petróleo a más de 100 dólares el barril y nosotros endeudados hasta el cuello.
El cinismo de este régimen ha llegado a su pináculo histórico, es más, se ha convertido en galáctico.
Mientras tanto, ¿quiénes están poniendo las carnes en el asador?
Los estudiantes, la juventud, sectores de clase media, algunos focos populares y resteados dirigentes nacionales que ya todos conocemos, así como sabemos quiénes tienen el bendito jueguito del gato y el ratón.
Y no me vengan con las pendejadas de que somos radicales, no comulgamos con nada fuera de la Constitución, allá los locos de siempre, lo nuestro es pacífico, legal y constitucional, como tal reclamamos hacer uso que la misma nos da como venezolanos y ciudadanos de este país.
¿Acaso el artículo 350 es un invento? ¿Está o no en la Constitución?
Vivimos tiempos muy duros, desde las altas esferas del poder la única respuesta son gritos, represión, abuso y amenazas, a la poca prensa independiente como Notitarde, cada día la cercan más y más, todo el poder del Estado-Gobierno se ha volcado al control absoluto; la disidencia, la legítima protesta y su difusión es criminalizada, perseguida y apresada.
Lo que sucedió estos días nos dice por dónde van los tiros, una absurda y falaz rueda de prensa de más de una hora, del alto mando político del PSUV, fue encadenada "voluntariamente" por los dos canales privados de señal abierta que quedan, fue un clarísimo ejemplo del futuro de una campaña electoral bajo las condiciones actuales.
Así, o corremos o nos encaramamos, ¿o no?
domingo, 27 de abril de 2014
#Venezuela: Algo muy hondo se ha roto en este país.
LEONARDO PADRÓN.
Costumbres Inquietantes.
Ciertamente, de todas las costumbres, morir es la más extraña.
***
El venezolano está sucumbiendo al peligroso caldo de la costumbre. Se nos ha vuelto rutina la crisis. Vivimos bajo protesta. El paisaje urbano se ha llenado de trancazos, barricadas y marchas.
El gobierno se ha convertido en un obstáculo para la serenidad. A eso, el país opositor ha agregado sus propios obstáculos. Las cadenas de Maduro intentan convertir en timidez los antiguos maratones de Chávez ante el micrófono. Y ya nos habituamos a lidiar con ese engorro. La escasez de productos es como una tos crónica y las amas de casa han armado, como cuenta Lissette Cardona en un reportaje de El Nacional, una red de cazadores. Mujeres que se agrupan para recorrer kilómetros en busca de aceite, café o azúcar.
La ciudad convertida en bosque, donde hay que avistar por horas a la presa. En el proceso nacen amistades, intercambian teléfonos, datos. Y hasta llegan a ejercer el trueque: "La semana pasada cambié dos litros de leche por dos de aceite y harina de maíz por harina de trigo", le cuenta una residente de Chacao a la periodista. El bosque, ese es el problema, está atestado de cazadores.
Galeno decía que la costumbre es una segunda naturaleza. Si así no fuera, la raza humana se hubiera extinguido de desasosiego.
La costumbre nos va domesticando el asombro. Tarde o temprano aceptamos las nuevas realidades que nos presenta ese guionista extravagante que es el destino. Así como uno se termina acostumbrando a la muerte de un ser entrañable o a la llegada avasallante de la tecnología, la gente va adecuándose a los nuevos rizos que elabora la tremebunda política nacional. He aquí el peligro. Anatole France tuvo a bien alertarnos: "Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra a él". Es hora de prender las alarmas.
***
Breve inventario: Nunca debimos, pero nos fuimos acostumbrando a la baranda de Tibisay Lucena. Y su vacío existencial, su tono de cine francés, su clima de sospecha, su adicción a los malos finales.
Nunca debimos, pero nos hemos ido amañando con la sonrisita de Jorge Rodríguez y todo lo que siniestramente oculta. Nos encona, nos vapulea la úlcera, nos extrae groserías. Pero él persiste.
Nunca debimos, pero hemos terminado aceptando como tradición y humorada los incesantes tropiezos de Pastor Maldonado en la Fórmula 1. Todo un desagüe de dólares del erario nacional.
Nunca debimos, pero desde la alocución del primer Chávez hasta el último Maduro, nos hemos resignado los ajenos al dogma a recibir insultos de todo calibre y magnitud. Serpientes, eso nos lanzan. Y en cadena nacional, faltara más.
Nunca debimos, pero nos acostumbramos a responder a tales insultos. Y en esa sopa gigantesca de agravios, nació la infección de odio que hoy nos define.
Nunca debimos, pero se nos hizo hábito desde Páez, Gómez, CAP y Chávez que todo gobierno ejerciera el desfalco de las arcas públicas.
Nunca debimos acostumbrarnos.
***
Hace poco leí un libro que recorrí con sobresalto. Un libro considerablemente rudo porque no tiene ni un gramo de ficción y todo lo que relata es la Venezuela que hoy somos. Se trata de Y nos comimos la luz, de María Isoliett Iglesias, curtida reportera de sucesos de El Universal. Son crónicas sobre la violencia social. Su repulsiva cotidianidad. Sus personajes, víctimas y verdugos, el entorno y las secuelas, la tanta sangre derramada. Se reúnen allí historias que rozan lo delirante. Está la de Fredie, que se gana la vida ofreciendo servicios funerarios en la morgue de Bello Monte y le reza a los muertos para que lo ayuden a tener un buen día. Está la del hombre que depositó tres disparos en la espalda de otro solamente porque su pequeña perra le olisqueó una pierna. O la de aquel que confiesa que él solamente es la mitad del diablo y que "se aburrió de coleccionar los plomos que le sacaba a cada uno de sus muertos después de tirotearlos". María Isoliett logró ahondar en su testimonio y la sensación de escalofrío es inmediata: "Yo mato porque sí, porque me gusta, porque hay que hacer limpieza (...) Cuando lo haces una vez, no puedes parar. Es una droga". Silencio. En eso me convertí después de leer tamaña frase, en silencio.
Algo muy hondo se ha roto en este país.
***
Uno de los trabajos más sólidos sobre el problema de la violencia en Venezuela lo realizó el sacerdote salesiano Alejandro Moreno. Y salimos a matar gente: Investigación sobre el delincuente venezolano violento de origen popular es un libro de dos tomos que reúne 15 historias de vida y un análisis de gran rigurosidad sobre nuestra endémica violencia. Como bien lo defi ne Moreno, son "historias de ausencias: ausencia de familia, ausencia de madre, ausencia de afecto, ausencia de relaciones vinculantes, ausencia de atención".
Son seres que nacen marcados por una primera violencia: la violencia del abandono. Se acostumbraron a no pertenecer.
La primera historia de vida, la de un delincuente llamado Alfredo, quedó trunca. Faltó una última entrevista, pues primero llegaron nueve puñaladas a su cuerpo. Apenas tenía 38 años de vida. El padre Moreno nos descifra cómo el crimen es una vía para acceder a una forma de poder: "Alfredo, como todos, delinque, en primer lugar, para lucir. (...) Destacarse sobre todos, ser admirado, ser incluido en el medio, como el principal, el más significativo, el más poderoso". En nuestro sistema carcelario, por ejemplo, quien llega a ser pran del recinto es porque es el más violento, el más temido.
Poder y sangre van de la mano.
Moreno subraya lo que ya es notorio en la crónica roja del siglo XXI venezolano: en los delincuentes nuevos "atraco y asesinato se han unido: te robo y te mato. Un cambio radical y muy significativo para la sociedad: la violencia se ha vuelto más sangrienta, más agresiva, más implacable; el violento ha perdido controles, límites, emociones". Y, por supuesto, el Estado contribuye ferozmente con 92% de impunidad.
Matar como hábito y agenda.
***
Informe rápido de nuevas costumbres: 1) Por un extraño misterio, las bombas lacrimógenas se quedaron pastando eternamente en tres cuadras de la parroquia Chacao. Las funciones son diarias y con horario fijo. Represión y barricadas a partes iguales. ¿Se acostumbrarán los vecinos a llorar mientras intentan respirar? 2) Los asaltos que perpetran los cortejos fúnebres de malandros.
Ya es tradición. El botín somos los conductores que no lloramos al difunto. La policía conoce el modus operandi. Ni pendientes.
3) Las noticias delgadas. La prensa que no le hace carantoñas al régimen ha sido obligada a la anorexia informativa. La lectura se agota en cinco minutos. Se asiste a la muerte, por asfi xia, del periodismo impreso.
4) Los colectivos. O paramilitares. O bandas armadas en motos.
Bautícelos a su real antojo. Ya son parte del paisaje. Aparecen en los eventos electorales. Llenan el aire de amenazas. Atacan salvajemente a las protestas. Sitian a los barrios. Son una nueva tribu urbana. Son intocables.
5) La vida no vale nada. Pablo Milanés dixit. Menos que un dólar al cambio oficial. Basta con ir a comprar Ibuprofeno en Farmatodo.
Con demorar el beso de despedida en la camioneta. Basta una bala perdida. Basta la irritación de alguien que tropezaste en la fi esta del callejón. Basta ver bonito a la novia bonita de otro.
6) Las torturas. Nuevo ingrediente de la pócima revolucionaria.
Manifestar es un derecho constitucional, pero acostúmbrate a lo que dicen las letras chiquitas: rodilla en alcantarilla por no ejercer la "rodilla en tierra", electricidad en los senos, golpes con bates sobre cuerpos envueltos en goma espuma, cascos que hinchan tu rostro, cuerpos rociados con gasolina, amenazas de violación. Acostúmbrate a que las torturas ocurren. Pero "no existen".
7) El país que gira sobre su propio eje y no avanza. El país que no entiendes. El país que rechaza a su mitad.
8) Si tu carro se queda sin batería, bienvenido a las aceras. Si no consigues tu champú de siempre, compra otro. Vivir es experimentar. Si solo te activa el café en las mañanas, intenta ducharte con agua fría. A fin de cuentas, la cafeína tiene sus bemoles. Si ahorraste todo un año para viajar a Disney o Cancún con tus hijos, olvídalo, recapacita, piensa en bolívares, Venezuela es chévere, pero cuidado con los huecos, los miguelitos en la carretera, los peajes falsos, en fi n, cuidado con la muerte. Ella también hace turismo nacional.
9) La denunciante que va presa. La secuestrada que calla para siempre su historia. La diputada que le prohíben trabajar.
Los cadáveres que comienzan a llenar el Guaire.
10) Planear una nueva vida. En otro país. Así sea uno que limite por el norte con lo que sea y por el sur con tus ganas de no morirte.
***
La protesta que encendió el país el 12 de febrero del 2014 lleva ya 42 muertos. ¿Alguien recuerda el nombre de la última persona asesinada? Hay muertes que poseen más resonancia que otras. Sin duda.
También puede ocurrir que, simplemente, nos estamos acostumbrando a morirnos.
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miércoles, 5 de junio de 2013
Para entender: La verdad sobre Venezuela.
GUERRA Y PAZ EN VENEZUELA
Escrito por LUIS UGALDE el May 31st, 2013
Hay muchos entre nosotros que piensan que la división y el odio es tal que la guerra está a las puertas. Personalmente no comparto esta opinión, más bien la división y el odio están artificialmente alentados desde una manera de entender la política.
Los comunistas y los nazis tienen propuestas distintas, pero no se diferencian en el trato que se les debe dar a los adversarios. Un nazi y un comunista creen que su propuesta trae la salvación absoluta; la implantación y consolidación de su revolución es el criterio superior ético. Todo lo demás es relativo y subordinado a este fin supremo: lo que ayuda es un buen medio y lo que se opone es malo y debe ser controlado, criminalizado y eliminado. Quien asesina al adversario merece condecoración y acusar a los otros de los crímenes más horrendos a fin de anularlos es una manera valiosa para lograr el paraíso en la tierra o el milenario Tercer Reich. El caso de Venezuela es más benigno y especial, pues la ideología totalitaria no estaba tan clara desde el principio y no es compartida por la gran mayoría de los chavistas.
Y ese es el problema actual para el Gobierno: la mayoría de sus seguidores quiere un cambio y mejoramiento efectivo, pero no cree en pajaritos preñados de paraísos en la tierra. Es evidente que a la mayoría del país no le gusta un régimen totalitario, ni la pobreza y sometimiento cubanos, lo que deja la puerta abierta para pasarse del gobierno a la oposición. Ahora, sin liderazgo, con malestar socio-económico creciente y corrupción millonaria en el poder, la gente lo que quiere es evolución y no guerra y ha demostrado su disposición a bajarse del autobús de la “revolución” y montarse en otro.
Esto lo entienden los dirigentes del régimen y concluyen (con los consejos que a Cuba le resultaron hace medio siglo) que hay que demonizar a la oposición y convertirlos en malvados imperialistas decididos a asesinar al Presidente. Al mismo tiempo, hay que sembrar el miedo y bloquear todo paso del “revolucionario” a la oposición; por “traidores” a la patria perderán el empleo y serán candidatos para la cárcel… Que teman la represión y exclusión de los beneficios del presupuesto público. Los organismos de derechos humanos, las iglesias que expresen su antitotalitarismo, los países democráticos, los ciudadanos… todos son conspiradores contra la suprema felicidad revolucionaria, y toda protesta juvenil y estudiantil debe ser militarmente aplastada, pues el idealismo y la esperanza de la juventud no se dejan domesticar. Es la lógica totalitaria y no hay sorpresas; lo único que nos llama la atención es la gran torpeza de algunos de sus protagonistas principales.
No hay guerra en el país, ni la desea 90% de la población. La radicalización de la polarización, el odio y la exclusión es un intento desesperado del régimen para evitar la hemorragia política. Lamentablemente, siempre algunos opositores les hacen el juego porque ingenua y emotivamente creen en la estrategia de la plaza de Altamira o del seudogolpe de abril de 2002.
El Gobierno, con razón, teme el desgaste por su pésima gestión, corrupción, falta de liderazgo, prepotencia y ceguera aferrada a un inviable modelo político-económico. Ya pocos en el país y fuera de él creen en magnicidios y guerras del imperio. El gran desafío para los demócratas (90% de los venezolanos) es mantener la paz, la serenidad y el trabajo organizado para reconstruir una sociedad plural, social e inclusiva y superar la pobreza. Triste sería que un cambio encontrara al país improvisando y, peor aún, pensando en regresar al pasado. En los programas actuales hay demasiada ineficiencia y corrupción (incluso para estándares venezolanos), pero apuntan a necesidades urgentes. La paz no sólo pasa por la eficiencia pública en los servicios básicos, sino por el rescate de las principales empresas productivas hoy dirigidas por “revolucionarios” y militares ineptos. De ahí el evidente hundimiento de la industria petrolera, de las básicas de Guayana, de Corpoelec, de Agropatria…
En Venezuela no hay deseo de guerra, sino un clamor por la paz, la convivencia entre los diversos y deseo de una decisión firme para construir juntos el desarrollo necesario. Hasta ahora la oposición democrática ha demostrado un liderazgo sorprendentemente acertado, decidido y sensato. Ahora, más allá de una persona singular, necesitamos en todas las áreas equipos capaces, conectados con los problemas y con la población que los sufre.
Hay muchos entre nosotros que piensan que la división y el odio es tal que la guerra está a las puertas. Personalmente no comparto esta opinión, más bien la división y el odio están artificialmente alentados desde una manera de entender la política.
Los comunistas y los nazis tienen propuestas distintas, pero no se diferencian en el trato que se les debe dar a los adversarios. Un nazi y un comunista creen que su propuesta trae la salvación absoluta; la implantación y consolidación de su revolución es el criterio superior ético. Todo lo demás es relativo y subordinado a este fin supremo: lo que ayuda es un buen medio y lo que se opone es malo y debe ser controlado, criminalizado y eliminado. Quien asesina al adversario merece condecoración y acusar a los otros de los crímenes más horrendos a fin de anularlos es una manera valiosa para lograr el paraíso en la tierra o el milenario Tercer Reich. El caso de Venezuela es más benigno y especial, pues la ideología totalitaria no estaba tan clara desde el principio y no es compartida por la gran mayoría de los chavistas.
Y ese es el problema actual para el Gobierno: la mayoría de sus seguidores quiere un cambio y mejoramiento efectivo, pero no cree en pajaritos preñados de paraísos en la tierra. Es evidente que a la mayoría del país no le gusta un régimen totalitario, ni la pobreza y sometimiento cubanos, lo que deja la puerta abierta para pasarse del gobierno a la oposición. Ahora, sin liderazgo, con malestar socio-económico creciente y corrupción millonaria en el poder, la gente lo que quiere es evolución y no guerra y ha demostrado su disposición a bajarse del autobús de la “revolución” y montarse en otro.
Esto lo entienden los dirigentes del régimen y concluyen (con los consejos que a Cuba le resultaron hace medio siglo) que hay que demonizar a la oposición y convertirlos en malvados imperialistas decididos a asesinar al Presidente. Al mismo tiempo, hay que sembrar el miedo y bloquear todo paso del “revolucionario” a la oposición; por “traidores” a la patria perderán el empleo y serán candidatos para la cárcel… Que teman la represión y exclusión de los beneficios del presupuesto público. Los organismos de derechos humanos, las iglesias que expresen su antitotalitarismo, los países democráticos, los ciudadanos… todos son conspiradores contra la suprema felicidad revolucionaria, y toda protesta juvenil y estudiantil debe ser militarmente aplastada, pues el idealismo y la esperanza de la juventud no se dejan domesticar. Es la lógica totalitaria y no hay sorpresas; lo único que nos llama la atención es la gran torpeza de algunos de sus protagonistas principales.
No hay guerra en el país, ni la desea 90% de la población. La radicalización de la polarización, el odio y la exclusión es un intento desesperado del régimen para evitar la hemorragia política. Lamentablemente, siempre algunos opositores les hacen el juego porque ingenua y emotivamente creen en la estrategia de la plaza de Altamira o del seudogolpe de abril de 2002.
El Gobierno, con razón, teme el desgaste por su pésima gestión, corrupción, falta de liderazgo, prepotencia y ceguera aferrada a un inviable modelo político-económico. Ya pocos en el país y fuera de él creen en magnicidios y guerras del imperio. El gran desafío para los demócratas (90% de los venezolanos) es mantener la paz, la serenidad y el trabajo organizado para reconstruir una sociedad plural, social e inclusiva y superar la pobreza. Triste sería que un cambio encontrara al país improvisando y, peor aún, pensando en regresar al pasado. En los programas actuales hay demasiada ineficiencia y corrupción (incluso para estándares venezolanos), pero apuntan a necesidades urgentes. La paz no sólo pasa por la eficiencia pública en los servicios básicos, sino por el rescate de las principales empresas productivas hoy dirigidas por “revolucionarios” y militares ineptos. De ahí el evidente hundimiento de la industria petrolera, de las básicas de Guayana, de Corpoelec, de Agropatria…
En Venezuela no hay deseo de guerra, sino un clamor por la paz, la convivencia entre los diversos y deseo de una decisión firme para construir juntos el desarrollo necesario. Hasta ahora la oposición democrática ha demostrado un liderazgo sorprendentemente acertado, decidido y sensato. Ahora, más allá de una persona singular, necesitamos en todas las áreas equipos capaces, conectados con los problemas y con la población que los sufre.
jueves, 18 de abril de 2013
Alto a la demencia.
Alto a la demencia.
Escribo esta líneas como todos los martes, lo digo porque la vertiginosidad de los acontecimientos pueden cambiar algunas cosas hasta el momento de su publicación, particularmente quisiera pensar que por lo menos alguien de peso de este régimen comience a tener un poco de cordura dentro de esa patética insistencia de insistir con el cuento, mil veces repetido, de que este país decidió ir por ese adefesio que llaman “revolución”.
Lo real es que fuimos a unas elecciones en extremo signadas por el grotesco ventajismo de un gobierno que hace rato perdió cualquier asomo de vergüenza y utiliza frontalmente todos y cada uno de los recursos del Estado para tratar de seguir imponiendo su voluntad, completamente conscientes de esta situación nos preparamos con seriedad para las eventualidades que se podían presentar, y se presentaron, de manera apresurada y sin respetar sus propias leyes electorales, se dieron unos resultados que claramente y de manera inequívoca parten hoy a Venezuela en dos toletes, Henrique Capriles con el derecho y la firmeza que ha demostrado continuamente, pidió un conteo manual acta por acta y así aclarar cualquier duda razonable, incluso el otro candidato, supuesto ganador, llego a exigirle al árbitro electoral que se hiciera, sin embargo, cuando amaneció todo cambio y no solo se desechó vía declaraciones sino que se proclamó a lo macho a Maduro como presidente electo, cero asomo de prudencia, cualquier persona en su más mínimo sentido común y en aras de dejar todo lo más claro posible, hubiese efectuado dicho pedimento y zanjar de una vez por todas las dudas.
Frente a una posición democrática, firme y pacifica por parte de Capriles, lo único que hemos escuchado los venezolanos desde las más altas esferas del poder es manipulación, odio y mentiras, un ministro de la defensa que se refiere al candidato democrático como “derrotado, fascista y de derecha” no puede nunca representar la majestad de un poder público, unos gritos destemplados del proclamado de que “si me quieren tumbar, vengan por mi” o peor amenazando directamente a todos los medios de comunicación a definir si están con él o no, so pena de atenerse a las consecuencias, nos indica que definitivamente se escogió el camino de la locura, la ruta de arrasar con todo y todos que no sigan al pie de la letra los designios de esta cofradía enquistada en poder.
Nada han aprendido, en lo absoluto han leído unos resultados que les dicen que no existe ninguna mayoría revolucionaria, que la expresión de casi 15 millones de compatriotas por la vía electoral, dejo a dos fuerzas completamente parejas y que 100 más o 100 menos no inclina la balanza hacia ningún lado y muy por el contrario es urgente y claramente imprescindible, sentarse y planificar el país que se quiere, la insistencia del lado oficial de todo o nada nos llevara por oscuros y dramáticos senderos.
La advertida profundización de la crisis económica no se va a resolver recurriendo a los mismos discursos de siempre, llenarse la boca de frases comunes y arengas antiimperialista no va a estabilizar los factores que disparan la inflación y acrecientan la escasez de productos básicos, ridiculizar y amenazar con cínicas sonrisas al oponente democrático no va a ser que por arte de magia lluevan casas para los millones que las necesitan, lamentablemente los oídos de los lideres oficialistas están seriamente dañados y tampoco ven con claridad el despeñadero hacia donde nos conducen.
La esperanza es lo último que se pierde, dicen, ojala se imponga la sensatez frente a esta demencial carrera hacia la nada, hacia lo peor y que la sangre jamás llegue al rio, de todas formas, estoy seguro que nunca habrá una noche tan oscura que impida que de nuevo salga el sol.
Publicado en el diario Notitarde el jueves 18 de Abril.
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