viernes, 20 de marzo de 2015

La Patrias y las Patrias.

Ha sido una constante el manoseo que sobre la soberanía y la independencia ha realizado el actual régimen a lo largo y ancho de estos 16 años en el poder, miles de arengas nacionalistas han recorrido en sus interminables cadenas, para exponer la segura invasión gringa a estas tierras del sur, bañadas por las bravías aguas caribeñas.
¡Yankees go home! Gritan desaforadamente desde las máximas y las mínimas alturas del oficialismo, tanto unos como otros juran defender hasta el final a la Patria de la planta insolente del invasor, claro para los primeros existen varias y coloridas patrias, para los segundos una sola, y esta, es en extremo diferente a la que manipuladoramente pretende el gobierno vender.
En la Patria estamos todos por igual, víctimas de una monstruosa violencia criminal, que no distingue en lo absoluto, diferencias entre nuestros cerebros, simplemente nos arrebata la vida por que le da la gana, mientras, en las otras patrias viven rodeados de escoltas, guardaespaldas y un séquito interminable de anillos de seguridad para salvaguardarlos precisamente de aquello que según el propio régimen no existe, o en el peor de los casos es marginal.
En la Patria tenemos que torear una inflación del 200%, con una canasta básica familiar de 20 mil bolívares, un salario mínimo de 5.622, un bono de alimentación de 112 que apenas nos da para un perro caliente más un jugo y una escasez que nos ha hecho convertirnos en mendigos de los mercados, sin embargo, por el lado de los enchufados la presencia del escocés del bueno no ha faltado, el bacalao y las huevas mucho menos, y el jamón de bellota continúa adornando las bandejas que se sirven en sus continuos ágapes.
En la Patria ya el 48,4% de los hogares se encuentra en situación de pobreza, destinan 45 bolívares de cada 100 para la comida que logran conseguir y están gordos, ¡claro que sí!, si lo fundamentalmente que comen es arroz, pasta, pan y arepa, del lado de las patrias coloridas algunos están gordos también, lógico, los churrascos argentinos y uruguayos son realmente apetitosos, dedican gran parte de sus ingresos a viajar y a comprar bienes en ciudades profundamente capitalistas, pero que importa así funciona este socialismo, las patrias para los rojitos de la oligarquía, la patria para los pata en el suelo.
La salud en la Patria huele a formol, a desidia, a humillación, no hay gasas, ni medicamentos, ni inyectadoras, no existe respeto por quienes trabajan allí, ganan sueldos miserables, los asaltan, los matan y encima los amenazan si se les ocurre denunciarlo, en cambio, en las otras todo funciona, no te mueres de mengua, al contrario, los verdes funcionan de maravilla, te tratan como de 5 estrellas y puedes operarte de todo lo que se te antoje, cosas del color digo yo, en la patria todo es negro y blanco, en las patrias como abundan los colores.
De remate la Patria está hipotecada, no fueron suficientes más de 900 mil millones de dólares de ingresos por petróleo, le debemos a los chinos y rusos hasta la manera de caminar, cambiamos petróleo por quesos, estamos empeñando hasta el oro para continuar la fiesta, al contrario, en las patrias abundan los bolsillos repletos del erario público, de pillos que han construido fortunas a costa de la Nación, de traficantes de toda calaña que tienen su futuro y el de sus generaciones asegurado, de cuentas en paraísos fiscales y bancos como el del principado de Andorra, de maestros del engaño, que se rasgan las vestiduras por la patria pero por atrás se enriquecen más y más de los imperios que tanto critican.
La patria mis queridos hermanos, es esta, la de todos nuestros días que millones vivimos y padecemos, esa que nos reclama que actuemos, que reaccionemos, que la defendamos, que la salvemos.

Super Jalisco

Dice un viejo refrán que no hay peor sordo que aquel que se niega a oír, definitivamente ése parece ser el caso venezolano, basta ver la cantidad de advertencias, tanto de adversarios como hasta de identificados con el proceso, para darse cuenta de que en serio debe rectificarse el camino escogido; sin embargo, la respuesta es exactamente contraria, se pisa a fondo el acelerador de la prepotencia, la imposición y aquí mando yo.
Ya a estas alturas, debe conocerse en detalle la operación de un nuevo préstamo a cuatro años que tramita el gobierno, mediante un procedimiento llamado swap o lo que es lo mismo, un canje de 1,4 millones de onzas troy de nuestras reservas en oro por 1.500 millones de dólares, podrán negar y correr la arruga, lo cierto es que cuando esta notas salen a la luz pública son hechos ciertos y responden a que financieramente nada de esto se puede ocultar.
Y aquí es donde empieza realmente a verse en profundidad el tamaño de la crisis económica que enfrentamos; que el régimen la niegue y continúe empeñando cada día más al país no hace que ésta desaparezca; por el contrario, aumentan las dudas sobre hasta qué punto está comprometida la nación frente a acreedores extranjeros, recordemos que es muy poco lo que ciertamente se conoce de los convenios firmados con países amigos en la búsqueda de más y más dinero para paliar la situación.
Nadie tiene derecho de hipotecar el futuro de las generaciones de un país solo por ostentar temporalmente el poder, no se puede seguir jugando al macho de la partida y simplemente pretender que llueva, truene o relampaguee van a instalar su manido socialismo en Venezuela, nunca fueron elegidos los actuales gobernantes para tal desaguisado, muy por el contrario, el pueblo lo que realmente espera es que se le solucionen de una vez por todas urgentes y mucho más mundanos problemas que nos aquejan en estos últimos 16 años de pretendida revolución.
No es cualquier pelusa de mono, este régimen ha manejado ingresos como para sacar toda África de su penosa miseria; lamentablemente para nosotros, lo que ha habido ha sido la conjunción de un gigantesco despilfarro, casado con una monstruosa corrupción que ha carcomido los pocos cimientos institucionales que aún nos quedan en esta tierra, solo en estos días retumba la noticia de la intervención de una entidad financiera en Andorra por lavado de dinero y ya sale a relucir en las primeras de cambio que fueron limpiados unos 2 mil millones de dólares por parte de supuestos funcionarios venezolanos.
Nada se va a solucionar recurriendo nuevamente al tema de esta especie de guerra de las galaxias a las que ha convocado el gobierno, tampoco resolverá la cruda e inocultable crisis de desabastecimiento la masiva instalación de miles de captahuellas en aras de enfrentar la supuesta guerra económica, mucho menos ahora buscando súper poderes, que lo que generan es temor en que simplemente sean usados como excusas para profundizar aun más la persecución a la disidencia; insisten desgraciadamente quienes nos dirigen en continuar negando su directa y única responsabilidad en los males que nos aquejan, y en lugar de buscar vías de entendimiento honestas y sinceras, recurren al mero macho: si no puedo, arrebato.
Quienes me leen saben que siempre he mantenido la necesidad de entendernos en nuestras diferencias, soy un demócrata convencido y confeso, pero las continuas acciones desde el poder parecen buscar otra cosa, nos acorralan y encarcelan, destituyen y secuestran autoridades legítimamente elegidas, se continúa en el expediente de llamarnos golpistas por pensar diferente, se escoge el camino, no de la lucha democrática, al contrario, del aniquilamiento de la disidencia y esa ruta a nada bueno nos llevará.

jueves, 5 de marzo de 2015

Yo soy Candidato #Carabobo #Venezuela

No ha habido un día desde que se inició este manido proceso, que no he estado en la línea de la lucha democrática, acompañando con mi granito de arena en el tema electoral, en kilómetros de marchas, en encuentros permanentes para oír, sentir y palpar a los más vulnerables, en mis escritos y denuncias sin miedo y por la calle del medio, trabajando sin descanso por conquistar nuevos espacios para el avance de las fuerzas republicanas, contribuyendo donde sea necesario de manera sincera y empeñado en mantener una línea honesta, sin desvíos ni ambigüedades, con el urgente e impostergable cambio que nos reclama la verdadera patria, la olvidada, la pisoteada y arruinada por estos destructores, dizque, socialistas.
Desde mis tiempos juveniles cuando contagiado por el sarampión izquierdista, soñaba con una Venezuela distinta, de oportunidades reales para todos, democrática, auténticamente participativa y donde el presente fuese definitivamente algo, que nos hiciera siempre tener fe y esperanza en nosotros y el futuro.
En la Universidad de Carabobo, mi alma mater, comprendí, luego de un tiempo, el verdadero rostro del comunismo y entendí que es bajo el sistema de libertades ciudadanas que ciertamente prospera un país y su gente, me preparé académicamente y enriquecí mis conocimientos con una larga y exitosa vida profesional dentro de la empresa privada, hoy continuo procurando aprender cada día más, mantenerme siempre actualizado para estar en plena capacidad de afrontar adecuadamente los retos que el presente coloque frente a mí.
Así mis queridos amigos, que concluyentemente, para que todos lo oigan de manera clarita y sin que quede ningún resquicio de duda alguna, yo soy candidato.
Candidato a vivir en una Venezuela mucho pero mucho mejor, donde no se te persiga, se te encarcele y se te procure acabarte moralmente por que pienses diferente a quien ostente el poder en ese momento, donde puedas expresarte de manera libre y sin presiones, dentro del marco legal vigente, pero que en cualquier caso, tengas derecho a la legitima defensa, a una justicia imparcial y honesta, a ser juzgado bajo el respeto de tus derechos y por tus jueces naturales, al final a vivir bajo el imperio de un país con instituciones fuertes, descentralizadas y con un innegable respeto por el pueblo.
Candidato a tener adecuadas oportunidades para un trabajo digno, donde no necesite inscribirme en ningún partido político para poder tener acceso a algún beneficio que por ley me pueda corresponder, tener la certeza que con mi esfuerzo puedo garantizarme a mí y a mi familia una idónea calidad de vida, con opción a tener una vivienda decente, una alimentación equilibrada, donde no tenga que madrugar y pasar horas y horas en una cola para mendigar lo que por derecho me he ganado.
Candidato a ser respetado como ser humano, donde exista un sistema de salud que me permita tener la tranquilidad de no morirme por no tener recursos para costear algún tratamiento, de que tengamos hospitales de primera, con médicos, enfermeras, asistentes venezolanos a quienes no les falte nada para atender a sus pacientes y tengan sueldos que les permitan desarrollarse.
Candidato a una educación de calidad, sin minestrones ideológicos ni alienantes procesos de lavados de cerebro, donde el Estado asuma el supremo deber de preparar al pueblo, una educación que transforme integralmente al individuo y que se convierta en la piedra angular de las transformaciones necesaria para el país, con docentes preparados, formados, entusiasmados en educar, con suficientes incentivos sociales y económicos para abocarse a la tarea de cambiar el presente y el futuro, cambiando la educación.
Candidato a vivir en alegría, en armonía con los demás, en una paz real y sin miedo.

viernes, 27 de febrero de 2015

¿Y el de a pie?

La cosa no es nada fácil; en Venezuela, así como en el resto del mundo, todos, todos sin excepción, los políticos hablamos en nombre del pueblo ; usted no ha visto a nadie diciendo: yo hablo por mí , ¡no, qué va!, tirios y troyanos por igual se abrogan la representación y conocimiento de lo que piensa el pueblo llano, versan en nombre de él y actúan en su nombre por, según, su propio beneficio.
Incluso la cuestión se ha extendido mucho más allá, analistas, sociólogos, psicólogos, gurús de mercadeo, religiosos, pastores, vendedores y un largo etcétera rebasan las listas de quienes hablan en nombre del sencillo, del de a pie, del que estorba la gran mayoría de las veces, pero es imprescindible cuando se acercan elecciones; claro, algunos pocos actúan con sinceridad real, lamentablemente esa moneda cada día es más escasa y lo que abundan son falsos e hipócritas mercaderes.
Y no es fácil realmente conocer a fondo lo que piensa ese pueblo que padece en carne propia lo bueno y lo malo de los gobiernos de turno, no existe una sola forma de pensamiento en todos esos grupos sociales; es más, hasta dentro de un mismo sector suele haber profundas divergencias sobre lo que ciertamente sucede hoy en nuestro país, una mezcla de manipulación, miedo e ignorancia se mezcla con fuertes dosis de envidia, revanchismo y pase de factura, ingredientes explosivos de cocteles que en el fondo ningún gobierno ni oposición responsable debiera estar incentivando.
Claro, cuando se calman las aguas de una inadecuada polarización, los de a pie se dan cuenta de que son demasiadas las cosas que los unen y poquísimas las que les marcan diferencias importantes, porque de la forma que sea, tienen que sobrevivir y convivir en el mismo barrio, en la misma zona, compartir a diario el jeep o la buseta, el terror del atraco o la muerte, la desesperación por la comida, el drama de no tener trabajo, latigazos de una crisis, que aunque suene redundante decirlo, los golpea a ellos mucho más que a alguien de la clase media; las opciones para los de abajo son muy pocas, el círculo parece cerrarse frente a sus ojos.
Ahora, ¿qué piensa el de a pie realmente?, aquí no voy a intentar dármelas de lo que ya yo critique, particularmente no tengo ni idea, le pongo un ejemplo, en Puerto Cabello existen comunidades, no de 10 ni de 20 personas, que pasan hasta 3 semanas sin agua; ¿usted, mi querida amiga, se imagina lo que eso genera en una casa, rancho o lo que sea?; sin embargo, son muy pocas las manifestaciones legítimas que se dan por eso, ¿la gente se conformó?, ¿tiene miedo de protestar por sus derechos?
Fíjense en otra cosa, la escasez de productos básicos, que no necesito decirles cómo anda, con Mercal o sin él, las cosas no se consiguen y las pocas súper caras, la mayoría de los de a pie ganan salarios mínimos y a lo sumo una de las ayuditas del gobierno para paliar la crisis, ¿usted se ha preguntado cómo hacen para comer?, ¿qué come la mayoría de los venezolanos?, acertó, la gordura de este pueblo llano no proviene precisamente de la ingesta de toneladas de carne, ni de leche, ni de pollo, ni de pescado, viene de una dieta profundamente dominada por arroz, pasta como monte, guisos por sacos, arepa y pan, carbohidratos a millón aderezados de vez en cuando con las proteínas que se puedan conseguir y comprar.
Así las cosas, la generalidad de los venezolanos viven a la expectativa de los acontecimientos de su propio país, salen a diario a tratar de trabajar y ver qué llevan para la casa algunos, otros intentan rebuscarse y hacer algo para poder conseguir comida, unos deben estudiar esperando a ver qué pasa y varios simplemente se entregaron, pero todos, les aseguro, van pensando en algo y no es precisamente lo que dicen los que hablan por ellos.

jueves, 19 de febrero de 2015

La Esperanza.

Confieso que mis últimos artículos han estado bastante sombríos; claro, no fueron hechos de esa forma simplemente porque sí, es el ambiente nacional lo que nos lleva a muchos a tener demasiadas expectativas negativas sobre la situación que vivimos los venezolanos, lamentablemente no se ve respuesta positiva por parte de quienes detentan el poder, solo violencia, amenazas y más de la misma medicina que tanto daño nos ha hecho todos estos años.
La esperanza es algo bueno, definitivamente tener sueños por un presente y un mejor porvenir nos inyecta fuerzas que nos hacen falta para seguir emprendiendo nuestras luchas diarias; necesitamos, quienes vivimos en esta tierra, poder mirar con algún optimismo el horizonte, tener objetivos alentadores, lograr iniciar procesos de cambios en cada uno de nosotros y es que la vida misma se compone de un equilibrio entre lo bueno y lo malo; no todo puede ser color de rosas, pero tampoco todo puede ser un desastre siempre, necesario es tener algo bueno para poder seguir hacia adelante.
Pero cuidado, la esperanza no puede estar sustentada en simplemente un deseo, debe estar íntimamente ligada a nuestras decisiones diarias, lógico que en un país normal, con un sistema político moderno, respetuoso de las instituciones y del ciudadano común, esta esperanza está basada en la misma naturaleza que da el sistema, para producir procesos de cambios cuando las cosas no están funcionando correctamente, son mecanismos que se activan y que se generan por estar dentro de una democracia que garantiza esa posibilidad; en otras palabras, se sienten los ciudadanos seguros de poder cambiar, dentro de sus leyes, aquello que no está funcionando y que requiere de ser renovado simplemente porque no sirvió, tan sencillo como eso, son los resortes institucionales funcionando a favor de sus propios pueblos.
Democracia participativa de verdad, dirían algunos, respeto al ciudadano dirían otros, lo cierto es que en los países donde existe real separación de poderes, donde se respeta la proporcionalidad de las minorías y donde los mecanismos que estén establecidos dentro de la Constitución se activen, sin que eso signifique ni nada extraordinario, ni que nadie quiere dar golpes de estado o subvertir el orden, simplemente se gobierna pensando en aquella máxima de las democracias modernas: gobernar procurando la máxima felicidad de los pueblos.
En la Venezuela actual, desgraciadamente lo anterior es simplemente letra muerta, a pesar de tener un marco legal que contempla mecanismos para corregir cuando las cosas no están funcionando, un manejo del poder de manera abusiva impide a cualquier ciudadano buscar cambios tal como lo establece nuestra Constitución, a cualquiera que ose intentar hacerlo se le viene encima todo el peso del gobierno, se persigue, se manipula y finalmente se trata de liquidar política y moralmente a la disidencia.
Un poder ciego y sordo que nos ha llevado por peligrosos y sinuosos caminos, su afán de mantenerse gobernando solo es comparable con el gigantesco daño que le sigue haciendo a la sociedad en su conjunto, amenazas cumplidas han hecho de este régimen una triste caricatura de lo que debe ser un gobierno que se erigió en defensor de los más pobres y que cada día genera mayor pobreza, solo en sus cúpulas de cristal parecen estar las cosas de maravilla; del resto, de lo normal, del país, de lo cotidiano, es una constante lucha por tratar de sobrevivir por lo menos un día más.
De tal forma que la esperanza ahora depende es de nosotros, de nuestra actitud, de la forma como abordemos lo que queremos para nosotros mismos y nuestros afectos; los sueños requieren de hechos tangibles para poder realizarse, se necesita soñar y actuar para que se puedan cumplir.

viernes, 13 de febrero de 2015

Blanco y Negro.

Nadie asume, parecemos una especie de goleta sin rumbo fijo, sin timonel, con una tripulación en ascuas, a merced de lo que vayan determinando los vientos, las tempestades o lo que nos aguarde más adelante.
Desde que arrancó el año salimos con mal pie, una alocada y apresurada gira llevó a quien ocupa la primera magistratura del país a un periplo con la intención de obtener respaldo financiero frente a la abrupta caída del precio del petróleo; sin embargo, a muchos les parecían más bien unas vacaciones familiares, sin agenda, sin nada firme y fruto de una impresionante irresponsabilidad; nos fueron cerrando las puertas una por una, peor, me imagino que si alguna duda tenían estos socios comerciales de cómo se maneja la economía nacional, éstas quedaron totalmente aclaradas.
Está el régimen preso de sus propias contradicciones, ante el innegable fracaso de un modelo anacrónico y obsoleto, muchos se desmarcan de las políticas actuales, desde los disidentes de Marea Socialista hasta el llamado monje; no han cesado en sus críticas, claro, echan el cuento a su conveniencia, nadie es tan pendejo como para ponerse la soga a su propio pescuezo, dice textualmente Giordani: “La verdad ya somos casi el hazmerreír de América Latina. Si la situación está mal, si el termómetro te dice 40, hay quienes dicen que el problema es que el termómetro no sirve. Si te da 40 es porque mide 40...”.
Pero fíjense en que inclusive fue mucho más allá, dijo claramente que en Venezuela no existe un solo centro de poder y que hay una “lucha entre múltiples centros de poder, no se toman decisiones, entonces afloró esa enfermedad y mira, estamos a las puertas del fascismo”; recordemos que quien dijo esto no es precisamente un segundón en este proceso de 16 años, de ahí la importancia de mirar con mucha cautela estas palabras.
Vivimos una etapa de marcada incertidumbre y de peligrosa inanición. Se anuncia que se van a hacer importantes anuncios, se encadena una y otra vez para anunciar que pronto se dirán los planes para rectificar el rumbo, se va de allá para acá y de acá para allá, y al final, la nada, citas grandilocuentes, desgarraduras de vestiduras frente a los imperialistas, gritos de nacionalismo, vuelven a expropiar, pero no se enfrenta la escasez, las colas, el desabastecimiento; en fin, no se asume la crisis, su responsabilidad y las salidas necesarias.
Por ejemplo, escribo estas notas a pocas horas de haber anunciado el gobierno el “nuevo sistema cambiario”, reiteradamente quedan en el ambiente más dudas que respuestas, no hay una política integral para afrontar la situación, los diferentes centros de poder que nos gobiernan no se ponen de acuerdo para asumir esto como un todo, asistimos a una larguísima ópera cuyo final hasta ahora nadie puede predecir.
Lo que ciertamente sí está ahí como aguas cristalinas es que no podemos continuar de esta manera, el rumbo de la nación debe ser retomado, nada es más peligroso que simplemente dejar que las distintas fuerzas sociales, políticas o económicas actúen por sus propios intereses, alguna sindéresis debe quedar en el gobierno central, cuando tú colocas una sociedad a debatirse entre el blanco o el negro y no le das opciones de matices o válvulas de escape, simplemente sucede lo inevitable; despeñarse a discutir cuándo llegará ese momento, aparte de fútil, nos distrae del asunto central, la crisis es real, no es inventada ni corresponde a ninguna guerra económica, este modelo fracasó, tan sencillo como eso.
Siempre he manifestado mi apego a las leyes y a la constitución, soy firmemente un demócrata convencido, por eso nunca estaré del lado de la fuerza, de los gorilas, pero no se debe seguir jugando con fuego; éste no se sabe ni cuándo se prende, ni cuándo se apaga. Amén.

martes, 10 de febrero de 2015

Lectura necesaria: Seguir cavando por Américo Martín.

Tanto hablar de conspiraciones, magnicidios y toda esa jerigonza incomprensible que asalta la lógica y la razón, han contaminado de tal manera el hacer político del régimen que sus salidas parecen bloqueadas a piedra y lodo. Hechos y cifras hablan de la inviabilidad del modelo y del naufragio de las medidas que a un costo muy elevado han logrado la hazaña de arruinar un país insumergible como lo era Venezuela. Las consecuencias de un saldo tan pernicioso, tan doloroso e inmerecido como el que estamos padeciendo, deberían animar procesos de cambio, diálogo y acercamiento. El caso es que sin que nadie, aquí o en el planeta, pueda entenderlo, en Venezuela el poder reacciona frente al fracaso repitiendo y agravando sus errores. Los golpes, los disparates fallidos no le enseñan nada.
Alguna vez he citado una frase del pragmatismo de Bill Clinton, inserta en sus valiosas memorias. “Mi Vida”, las tituló.
En política –dejó caer- cuando estás en un agujero, la primera regla es dejar de cavar.
Tomaba Clinton el caso de Vietnam. Mientras más insalvable la situación bélica, más insistían en escalarla, sin comprender que la potencia más grande no siempre podía imponerse por las armas razón por la cual no necesariamente es válido el apotegma de que retroceder sea la evidencia de la derrota.
Es lo que ocurre en una escala más doméstica con la sedicente revolución bolivariana. Su persistencia en el error, no importa la destrucción del país y el serio menoscabo del bloque de poder que lo descarrila, es una forma de locura. Sería una demencia irrisoria si su sino no fuera trágico. La cúpula, que en forma tan desafortunada intenta gobernar, obedece a esa lógica ilógica, a esa razón desquiciada. A Maduro se le viene encima un tsunami pero en lugar de rectificar, sigue cavando. Ante la inexorable acumulación de fracasos, su reacción es lamentablemente pueril. En lugar, cuando menos, de oír a quienes disienten de su conducción, los escarnece vilmente, sin dejar por fuera ni a los arriesgados que lo hacen en su propio partido.
El hombre conspira contra sí mismo. No puede ni sabe salir del pantano donde se hunde hasta la barbilla, mientras en nuestro país y el mundo –incluidos en ambos casos sus aliados más cercanos- se expande a velocidad de vértigo el aislamiento de su gobierno. Obviamente, se ha puesto sobre la mesa el cambio democrático, pacífico, sin venganzas estériles y en el marco de la Constitución.
¿Quién puede ser el responsable de las inhumanas y humillantes colas sino el gobierno de la escasez y la imparable inflación? ¿Cómo impedir, de cara al profundo deterioro social, que la gente proteste en la calle, su escenario posible y habitual?
Basta visitar cualquier abasto o supermercado para comprender que el presidente Maduro, el diputado Cabello y demás voceros oficiales cercenan el derecho a manifestar en forma pacífica al culpar a quienes lo ejercen de esconder proyectos golpistas y magnicidas. Pretextos descabellados para acallar protestas protegidas expresamente por la Constitución y por eso mismo no creíbles en parte alguna.
En semejante cuadro, emocional diría, aparece la Resolución dictada por el ministro de la defensa, general Padrino. Como todo lo relacionado con las actuaciones de este alto oficial, su texto normativo pretende ser equidistante.
Lo están descontextualizando, asegura Padrino. Es una obra hermosísima y profundamente humana, remata. Pero a nadie le queda duda acerca de la índole monstruosa de la resolución 008610, más que por su contenido explícito, por lo que puede desencadenar si no es congelado, derogado, rectificado o reformado sustancialmente.
Quizá Padrino crea en las virtudes de ese puñado de normas que tan directamente violan la Constitución y los acuerdos mundiales sobre derechos humanos, pero forzosamente sería un pastor de nubes si de verdad cree lo que dice, cosa que bien podemos dudar
El general invoca dos precedentes.
Primero, las protestas del 19 de febrero del año pasado que en su opinión “no fueron pacíficas” por su elevado saldo de muertos y heridos, juicio que le ha servido al gobierno para culpar a las víctimas y no a los victimarios.
Segundo, el precedente del Caracazo que condena a los militares (claro, a los de la cuarta) aunque matiza al afirmar que actuaron así por la “imprudencia” de los políticos del gobierno de CAP.
De esa manera el general reparte las responsabilidades. Una para las protestas civiles, otra para la respuesta militar. Pero sus salomónicas opiniones chocan contra la crudeza de la Resolución, Habla, sí, de “graduar” la respuesta represiva según la intensidad de las manifestaciones. Se usarán armas de fuego cuando del otro lado la violencia lo autorice.
Pero el ministro olvida que la Fuerza Armada no está para reprimir protestas civiles, mucho menos disparando armas de fuego. Es una práctica rechazada en el mundo, y por eso no podrá esperar que sea aceptada aquí o allá. Es difícil de entender que no se perciba la médula de la Resolución: ¿quién decide en medio del desarrollo ciego de los acontecimientos cuándo apretar el gatillo?
Pongamos la obra en escena:
Los soldados aplican peinillazos, los manifestantes no se amedrentan. Enardecidos, aquellos se confían a las lacrimógenas pero, entre necesidad y rabia, los bravos luchadores no cejan; muchos insultan. Nerviosos, varios soldados de armas empuñadas, recuerdan que tienen licencia para matar. De ahí a disparar hay un suspiro.
¿Exagero? No lo sé, pero usted, general, recordará el viejo aforismo: en la duda, favorecer al débil, al inspirado manifestante de la larga lucha por la vigencia de los Derechos Humanos.